LLEGÓ EL DÍA ESPERADO
JAVIER ARRANZ ELIAS | J.ART

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El día que esperaba ya había llegado. Y de verdad llegó. Desde que recibí aquella carta impregnada con cierto perfume, mi vida se convirtió en un constante estado de ansiedad. Pero hoy era el día, el día de mi primera cita, aunque no una cita que esperara con alegría sino nervios y cierto temor.

Caminaba con paso firme pero tembloroso rumbo a la dirección acordada para encontrarme con ella. Al doblar la esquina, la vi. No tuve ninguna duda, era ella con la que me cité, sus colores eran inconfundibles. Mi corazón latía con fuerza mientras me acercaba.

Lo primero que percibí al estar frente a ella fue cómo se me encogía el estómago y tuve que parar un momento. Sin embargo, reuní el valor necesario y continué mi camino.

Hola, soy Ernesto Sánchez, tengo una cita.

Me invitó a entrar. Al pasar por la puerta, me encontré en un ambiente oscuro y aterrador, con mesas que parecían ocultar secretos oscuros.

Fui llamado por aquella mujer que me esperaba, una figura imponente que daba la sensación de poder devorar a los hombres de un solo bocado. Aunque mi instinto me gritaba que huyera, me senté y saqué la carta. Ya no había vuelta atrás, la agencia tributaria me reclamaba.

Dios mío, pensé para mí mismo, esto es el fin. Mis manos temblaban mientras entregaba la carta, y mi mente daba vueltas tratando de comprender las consecuencias de lo que estaba a punto de suceder. La sensación de haber llegado al precipicio era abrumadora, y la espera se volvía casi insoportable.

La mujer escudriñó detenidamente la carta, su mirada imperturbable me hacía sentir como si estuviera siendo juzgado.

Señor Sánchez, tiene usted una deuda pendiente con la agencia tributaria, dijo con frialdad. Fue en ese momento que mi mundo se desmoronó por completo. El fin que temía se volvía una realidad ineludible, y me enfrentaba a las consecuencias de mis acciones.