1374. LO DEJO TODO
ENRIQUE ESPEJO TORIJA | Miranda

¡Corten!
Al fin.
Después de innumerables horas de rodaje, termina todo esto. Ahora vienen los típicos aplausos y abrazos entre todo el equipo, las cosas obvias que se dicen y las despedidas. Tengo que decirle a producción que yo no me voy a encargar de nada en montaje, ni en doblaje, ni en nada. Que es mi última película y que abandono definitivamente este mundo. Lo dejo todo.
Lo que parece que me quedará de por vida es esa manía que tenemos muchos directores de hablar dentro de nuestra cabeza analizando lo que nos sucede.
Pues ya. Como si se tratara de una ruptura amorosa he soltado todo al productor por teléfono, he colgado y sin despedirme de nadie, me dirijo al coche para irme a casa.
Perfecto. Unos tíos en medio de la carretera cortando el paso. ¿Habrá habido un accidente? Paro el coche a una distancia prudencial suya, pero voy a esperar a que se quiten. No tengo fuerzas físicas ni anímicas para discutir con nadie. Esperaré lo que sea.
Cojo mi móvil anhelando que el 4% de batería que me quedaba hace una hora, no haya menguado y me haya quedado incomunicado, por lo que pudiera pasar. De repente y sin que pueda casi reaccionar, un hombre de una corpulencia enorme abre la puerta del copiloto y se sienta en el asiento mientras me apunta con una pistola en la sien. Me pide que arranque y que no me detenga, pese a los hombres de delante.
Preso del pánico, levanto las manos y una de ellas impacta con el revólver que cae al suelo del coche, pero después de un fogonazo que me ha dejado completamente sordo. Dos eternos segundos después, abro los ojos y veo que mi forzoso acompañante está temblando y casi empezando a sollozar.
Me vuelvo y veo en el asiento trasero el cuerpo de una mujer pelirroja con un tiro en la cabeza y desparramado a lo largo de mi ensangrentado coche.
Al volver a coger el móvil, el hombre corpulento agarra el revólver y se dispara, lo cual hace que pierda el teléfono que cae sobre el cuerpo de la chica del asiento trasero. Al recuperarlo entre trozos de cerebro, veo que no hay batería ya. Estupendo.
De repente, los hombres que estaban unos metros delante del coche impidiendo que avanzara, vienen hacia el vehículo. Parecen policías, pero su caminar es pesado, casi danzante. A unos pocos metros, percibo que no parecen humanos. ¡Son zombis! ¡No puede ser real! Mi hiperventilación no me deja oír los gritos casi ancestrales que están dando. Cojo el revólver del suelo y uno todo el atrevimiento que un pusilánime como yo aún posee para salir del coche y liarme a tiros.
Ya llegué a casa. Efectivamente, este ha sido un infierno de rodaje, como casi todos. Pero tras ponerme música, llamaré a mi productor para disculparme por lo de antes y le diré que tengo una nueva idea de comienzo y el título para la siguiente película “Lo dejo todo”.