786. LO EFÍMERO
Ezequiel Ardila Barroso | El Gringo

¿Por qué os resistís a aceptar una evidencia tan palpable? Por duro que sea, es una realidad inexorable que todo es efímero, que las cosas se acaban. Asumidlo. Hasta los aristocráticos cisnes mueren emitiendo su mejor canto con el último aliento. Nos elegís casi por azar, solo uno entre muchos y, durante un tiempo, nos convertimos en elementos indispensables en vuestras vidas, casi imperceptibles, pero irremplazables, al fin y al cabo. Incluso nos hacéis cómplices sin saberlo de vuestros secretos más íntimos, de vuestros complejos, incluso, de vuestros vicios. Empezáis a valorar nuestra trascendencia cuando nuestro ocaso está cerca. Es en ese momento cuando vuestra creatividad os empuja a obligarnos a inútiles ejercicios de equilibrio, con el absurdo empeño de alargar nuestro irremediable final. Afrontadlo, somos perecederos. Los botes de gel no duramos para siempre. Lo único que nos consuela es que, con nuestro último aliento, os dedicamos nuestra mejor pedorreta.