1311. LO QUE LA MAREA SE LLEVÓ
AIDA MORENO BLASCO | Aida Brown

Un todo incluido. Y muuucha comida. 

Siempre he tenido un estómago de hierro. Hasta que estuve una semana en un hotel con todo incluido. PELIGRO para una glotona como yo. 

Al cuarto día teníamos una excursión en barco a una isla paradisíaca. Todo parecía idílico si no llega a ser por el dolor de barriga causado por el atracón de la noche anterior. ¿Alguien me explica por qué en un buffet tienes la necesidad inmensa de probarlo todo, hasta las acelgas? 

No quería perderme la excursión, así que, pese a no salir del baño en toda la mañana, subí al barco.

Fueron los treinta minutos más laaaaargos de mi vida. Mientras el guía contaba chistes y todo el mundo se reía, yo estaba más concentrada que mi abuela en el Bingo. Sudaba. Me movía. Y el oleaje no ayudaba.

Después de unos 892 angustiosos segundos (sí, los estuve contando), ¡paró! Y, de repente, el guía dijo la palabra más bonita que podía oír en ese momento (léase lentamente y con una vocalización exagerada): BAAAAÑO. 

Se me iluminaron los ojos. Por fin veía la luz pensando que iba a descargar. Pero me di cuenta de que estaba señalando al mar y dijo:

– Ahí tenéis: ¡el baño más grande del mundo!
– Ja, ja, ja. Te has ganado el premio al humorista del año, pensé. 

Mis opciones eran pocas. Y ya creía que si se me escapaba no iba a ser tan dramático.

1. Puedo decir que una gaviota se ha cagado en mi asiento.
2. Es una nueva moda: un bañador con degradado. De “Caca Channel”.
3. Los pareos son tendencia. ¿Por qué no ponerme la toalla como tal? ¿Y el olor? Éramos 20 personas, así que cualquiera podía ser sospechoso.

El barco retomó su rumbo y yo me estaba deshidratando. ¿Alguien con suero por ahí? Seguía sudando. Sentía que iba a morir de dolor, así que cuando el barco (¡por fin!) volvió a parar, me tiré al mar y alimenté a los peces.

Sí, tal cual. Como era un punto para ver estrellas de mar, me alejé con la excusa de estar ‘buscándolas’, rezando para que la cosa no flotara y, ¡descargué! Pero la suerte no estaba ese día de mi lado: ¡NO!

Efectivamente: flotaba. ¿Por qué decidió que su densidad debía ser menor que la del agua? No lo sé. Pero así fue para mi sorpresa.

Viendo que estaba tan concentrada mirando en un punto fijo, un chico me preguntó:

– ¿Hay estrellas ahí? 
– ¡Qué va! Son todo algas.…

Le contesté señalando unas manchas marrones que flotaban a mi alrededor. 

Se quedó mirando las “algas” con curiosidad y, en ese momento, el guía gritó: “¡Mirad, una estrella gigante!”.

– ¡Vamos, vamos a verla! (Gracias, guía).

Le dije al chico mientras me alejaba de la escena del crimen, y veía cómo la marea se llevaba “las algas” mar adentro.

Desde entonces el guía se merece el premio al mejor humorista del año y ya no como acelgas en los buffets.