722. LOBA DE MAR
Miguel Ángel Escudero Eble | Call me Ismael

Quedé con esa chica tan maja que conocí por Internet. Apareció en el restaurante arrastrando su pata de palo. No me importó. Llevaba un parche en un ojo que resaltaba el intenso azul del otro. Tenía un garfio, en vez de mano derecha, con el que pinchaba las aceitunas y me las ponía en la boca. Fue tan romántico. Descubrimos que teníamos mucho en común: a los dos nos gustaban mucho el cine, el flamenco y las sardinas en escabeche. Me propuso que hiciéramos juntos una pequeña travesía en su barquito de vela. Yo acepté encantado.

Ahora navegamos en medio de un fuerte temporal, con olas de más de seis metros, y estamos a punto de cruzar el cabo de Hornos. Yo no paro de vomitar y de luchar para no caerme por la borda, mientras que ella maneja el timón y se ríe de mí con estruendosas carcajadas. Me encanta su sentido del humor.