311. LOS BIROTES DE GUADALAJARA.
Cosme Ramón Sedano Preciado | Consuelito de la Vega

Don Potenciano contento abordó el microbús en la ciudad de Guadalajara, contento porque por fin había reunido para comprarse un gran virote que transportaba bajo el brazo. Como todos los asientos estaban ocupados, permaneció de pie agarrado con una mano del tubo horizontal.
-¡Viva la revolución! –gritó uno, y luego varios más se sumaron al griterío, por lo que Don Potenciano apenado bajó para tomar otro microbús. Pero la escena se repitió entre los siguientes pasajeros.
-¡Viva mi general Pancho villa! –gritó un anciano de poblado bigote y gran sombrero, ya que el virote de un metro, más parecía un fusil. Bajó para volver a casa caminando, pero de pronto un perro alertado por tan rico olor comenzó a seguirlo, luego otro y a luego muchos más comandados por un gran gato.
Al verse perseguido don Potenciano comenzó a correr y sus perseguidores también. Corría esquivando carros y a dos méndigos mendigos que sumándose a la persecución también querían robarle su virote. El buen señor corría como alma que lleva el diablo hasta que al chocar con un puesto de tacos tiró un zapato, y al momento fue acorralado por perros, gatos y por los méndigos mendigos.
-¡Eita, sube! –gritó un taxista que lo socorrió. Sin perder tiempo el asustado hombre abordó el vehículo, pero al querer pagar con las últimas monedas que le habían sobrado de la venta de las gallinas, con tristeza se dio cuenta que también había perdido su cartera.
-El virote –pidió el taxista babeando por el antojo, pero al negarse, el conductor se cobró con reloj, sombrero, corbata y el otro zapato.
Al fin el buen padre de familia llegó a casa agitado y descalzo; pero esa noche Ramoncito hizo su sueño realidad, dormir abrazado de aquel virote de chorizo al tiempo que le daba pequeñas mordidas.
-Feliz cumpleaños hijo –susurraron sus padres apagando la luz y guardando en sus corazones el recuerdo de la cara de felicidad infantil de su pequeñín.