1239. LOS PSICÓPATAS
Enric Lloveras | Ric

Tras la comida, la familia Suárez comenta las medidas sanitarias del Comité de Expertos Máximos para combatir la pandemia.
—Vamos a ver —señala Manuel, el padre—, yo he entendido que el contagio se produce cuando el virus llega a la córnea, por lo que la primera recomendación es que salgamos a la calle guiñando, alternativamente, el ojo derecho y el izquierdo con lo que se evita la penetración del bicho en la zona ocular.
—Sí, es así.—asiente Rosa, la niña, estudiante de biología y feminista—Pero hay que evitar que se malinterprete el guiño como una sugerencia sexual. Ya sabéis que coquetear es delito desde hace algunos años, con lo que es mejor mirar siempre al cielo.
—Otra cosa. —sigue el padre—. Hay que evitar el contacto físico para no contagiarse. Es obligatorio tocarse siempre la punta de nariz con el dedo índice para tener las manos ocupadas. Como el bicho es de transmisión aérea todos los desplazamientos al aire libre se harán a gatas.
Encarna, la abuela, no lo ve claro. Dice que con esta postura tan forzada acabaremos yendo «al psicópata» y tomando «tiriril».
—Abuela, seguramente quieres decir que tendremos que ir al fisioterapeuta, ¿no?. Si tenemos contracturas tomaremos analgésicos y nos haremos quiromasajes, claro —matiza Rosa.
—Siempre me tienes que corregir. He dicho psicópata y lo repito. ¿Me entendéis, no? Pues ya está. Y el tiriril es lo que quita el dolor.
—Papá, pondremos la tele, que ahora el Presidente del Gobierno hará una demostración pasando revista a los militares—comenta Rosa.
Prenden el televisor y aparecen decenas de funcionarios y militares andando a cuatro patas. El Presidente saluda levantando la pierna derecha. Al tiempo se toca la nariz, gatea y va guiñando los ojos mientras canta el himno nacional. El político lo consigue, no sin caerse un par de veces. Cuando pasa ante el cuerpo de enfermeras militares guiñando el ojo provoca la protesta de un grupo de feministas que exigía el reclutamiento en el ejército de trans y personas de género fluido.
Interviene la abuela:
—Lo que he dicho. Pronto o tarde acabaremos todos yendo al psicópata. Y ya podemos ir a la farmacia a por los tiririles.
En la tele, el Prelado de la Iglesia Única anuncia que se ha reunido con la Academia de la Verdad y que han decidido que los ciudadanos recen cada día, al levantarse y acostarse, la jaculatoria: “Sana, sana, culito de rana / si no cura hoy, curará mañana”.
Pocos días después, el Presidente del Gobierno vuelve a comparecer en televisión para criticar que la gente no anda a andas y que se olvidan de ponerse el dedo en la nariz y guiñar el ojo.
En los hospitales, mientras tanto, se saturan los Servicios de Oftalmología y Traumatología. Miles de personas sufren perforaciones en las córneas por meterse el dedo en el ojo y contracturas severas por andar a cuatro patas.
La abuela insiste:
—Si ya lo decía yo. Los que tendrán trabajo son los psicópatas.