1398. LOS RELEGADOS
Carlos Guillermo Ortuño Falcó | Arnulfo Romero

‘-¿No podremos salir del castillo hasta el próximo Halloween?- preguntó enojado Beltrán de Herrera, un Abad del siglo XIV con fama de gruñón.
-¡No empiece, Beltrán! Esto ya lo hemos hablado y no tiene solución – contestó Don Rodrigo de Coslada, el conde encargado de la organización del castillo.
-Antes salíamos tres o cuatro veces al año – insistió el Abad. – En febrero, en Semana Santa, salidas nocturnas a los campamentos juveniles que se instalaban en el bosque… Ahora ¿sólo un día y además para celebrar esta americanada?
El ambiente se iba caldeando en la CXXIII Asamblea de Presencias y Fantasmas Medievales convocada con urgencia en el Castillo de la Magrudera.
-Además, de verdad que no sé qué mérito tiene salir a asustar en Halloween si todo el mundo va disfrazado. Pasaremos inadvertidos – se quejó Girart, un caballero de origen francés.
-¿Tú de qué te quejas, franchute? Si tú nunca has asustado a nadie. Además ¡si tú no eres caballero! – le respondió Lucrecia, la dueña del antiguo Mesón de Guzmán, con una estruendosa risotada que contagió al resto de presencias.
A Girart le molestaba sobremanera ese rumor, que duraba ya varios siglos, y que le atribuía la identidad de juglar, y no de caballero.
-¿Qué no soy caballero? – repetía Girart blandiendo su espada con poco estilo y cara amenazante, mientras las risas en la sala aumentaban de volumen.
-¡Orden! ¡Orden!- gritó el Conde golpeando su puño sobre una mesa-. Ya sabéis cómo están las cosas. Los del medievo no estamos de moda. Ahora la gente se chifla aterrorizándose con payasos y niños alelados de principios del XX. Los de arriba nos piden comprensión y paciencia- dijo resignado.
-¿Paciencia? -insistió el Abad Beltrán – Esos payasos y esos niños, o ese perturbado que va con una máscara de hockey ¡no existieron! Nosotros sí hemos sido reales y estamos muertos, por eso damos más miedo.
-Lo sé Reverendísimo Padre, pero ¿acaso es la primera vez que nos pasa? – el conde extendió la pregunta al resto de presencias que, apesadumbradas, negaban con la cabeza. -¿Qué ocurrió con los hombres lobo? ¿y os acordáis del Conde Drácula? ¿o de Frankestein? Ninguno de esos existió de verdad, pero también nos relegaron porque la gente solo se asustaba con este tipo de seres fantásticos. Y los de arriba temen que salgamos fuera y hagamos el ridículo. En el fondo, cuidan de nosotros.
Los ánimos se fueron calmando por el buen hacer de Don Rodrigo de Coslada, todo un experto en negociaciones desde su participación, entre bambalinas, en La Concordia de Palazuelos, allá por el año 1314.
La sesión se alargó hasta altas horas de la madrugada, con multitud de propuestas y contrapuestas. Finalmente, las presencias asignadas al Castillo de la Magrudera consiguieron el visto bueno de “los de arriba” para que, al menos, pudieran hacer excursiones a otras fortificaciones y monasterios abandonados.
Eso sí, con la condición de que siempre fuera de noche y no se acercaran a ningún ser humano vivo.