Los remos en el barco
María Pérez mera | María

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​Los remos en el barco es como el tiempo en la vida de las personas, unos reman con rapidez y otros con una lentitud tediosa y desmotivada.

​Se subió a la azotea y no supo cómo lo hizo tenía esa sensación tan extraña en el cuerpo que la hacía sentir esa rabia y esa ira.

​Es insoportable vivir en una montaña rusa. Había días que todo le parecía maravilloso porque sus hijos le brindaban amor sin “peros” sin “basta ya”, y otros días no tenía ningún sentido continuar.

​ Su lamento ya no era culpabilidad, era dejarse llevar por el barco y tirar los remos que una vez sí remaron una gran galera.

​Alguien se percató de que una mujer estaba al borde del piso alto del edificio. Llamó a la policía y enseguida se presentaron con los bomberos.

​Las luces y el ruido la hicieron despertar de sí misma. Empezó a sentir miedo, nunca pensó llegar tan lejos, no sabía si siquiera cómo había comenzado el día.

​Un policía se encontraba cerca de ella, le tendía la mano, le rogaba que se quedara con él.

​No se trata de una serie ni de una película, era su vida, era ella la que estaba en esa situación.

​Dio un paso hacia atrás pero su cabeza comenzó a proyectarle todo tipo de imágenes horribles, gritos, peleas y cayó al suelo. Mientras caía pensaba que ya no esperaba nada, dejó de creer hace mucho tiempo, dejó de sentir, dejó de querer.

​Perdió el conocimiento, cuando despertó estaba en la cama de un hospital. No sabía bien que le habían inyectado, pero tenía que ser un milagro porque ya no sentía su lánguida tristeza, se había marchado.

​Sus hijas estaban a su lado llorando, nunca había visto ese miedo en sus ojos.

​Pero no volvió la culpa, ni el miedo, volvió a sentir amor. Desde ese mismo instante juró que sus hijas jamás vivirían el infierno por el que ella estaba pasando.

​Convertiré sus días en ilusiones, en emociones eternas; su descanso en paz.

​El psicólogo terminó de exponer en la reunión el caso de esta paciente que seguía ingresada ya que una mujer rota en pedazos es difícil de volver a recomponer. Días más tarde el psicólogo se enteró por el equipo de médicos que la atendían que volvieron a verla sonreír. Parece que alguien apareció en su vida, alguien del que nunca se había olvidado.