Love language
Mateo Navarro Marín | M Storyteller

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Llego del trabajo y entro en mi habitación, en el piso que comparto con Luis y con Julia desde hace cinco años. Julia casi nunca está en casa, pero su maquillaje y su skincare distribuidos por todo el lavabo hacen que Luis y yo la tengamos muy presente. Me la he cruzado en el ascensor, con prisas como siempre: “Deséame suerte que hoy tengo una cita”. Le hago un gesto de aprobación con el dedo pulgar y le guiño el ojo derecho.



Luis sí está en su habitación. Hace un rato me escribió para contarme que estaría con Pablo, su ex, con el que lleva dos años de relación intermitente. La cama de Luis y la mía están situadas pared con pared, pero hace tiempo que, afortunadamente, no les oigo discutir, ni tampoco follar.



Me tumbo en la cama y veo las stories de mis mejores amigos. La semana pasada, María dio a luz a su primer hijo e insiste en que tenemos que vernos pronto para conocer al pequeño. La banda de Toni, mi mejor amigo de la infancia, ha hecho sold out en cuestión de horas. Casi todos estamos cerca de la treintena.



Recibo una nueva notificación: “Víctor te ha enviado un mensaje nuevo”. Llevo dos semanas hablando con él a través de una app de citas. Estaba con Julia y Luis viendo una peli en el salón cuando me pidieron prestado el móvil y me crearon un perfil. Lo usé durante unas horas con desgana y a los días hice match con Víctor. Nos gusta la misma música, parece un buen chaval y siempre me da los buenos días porque se levanta antes que yo. Abro su mensaje: “Hola. No sé qué te parece, pero llevamos un tiempo hablando, y me gustaría verte. Igual es un poco precipitado pero, ¿te apetece cenar esta noche?”



Vuelvo a leer el mensaje. Espero unos minutos para responder. Me encantaría pero a la vez tengo miedo. Hay algo que todavía no le he contado. Desde el accidente no he vuelto a tener ninguna cita. Decido abrirme con él, le confieso que he perdido la capacidad de hablar y que apenas puedo escuchar. El tiempo se me hace eterno mientras espero su respuesta: “Ponte guapo. Aquí a las 21:00h”.



Víctor me espera ya en la mesa del restaurante. Nos miramos durante un largo rato. Le escribo un mensaje: “Si hablas te entiendo, puedo leerte los labios”. Hablamos mucho durante la cena. Después paseamos. Nos besamos. «Vamos a bailar», propongo. Me encanta sentir las vibraciones de la música. Acabamos en su casa. Despertamos juntos.



Ha pasado un año desde que borré aquella app de citas. Ya no vivo con Julia ni con Luis, aunque seguimos viéndonos de vez en cuando. Voy de camino a la asociación donde Víctor estudia lenguaje de signos después de trabajo. Quiero darle una sorpresa. Le veo salir. Él también me ve. “Te llevo a cenar. Por cierto, estás muy guapo” le digo con mis mejores gestos. Sonríe.