1119. LUKE
David Rivas Caraballo | DAVS

Me despiertan las llaves y el sonido de un portazo. Estoy cansado así que solo abro un ojo, tanto como puedo, para ver cual es mi situación: una habitación a oscuras. Vamos a empezar el día, o eso diría, si no me pesara la panza como un barril. Visto el panorama creo que me voy a volver a dormir aunque en el fondo sepa que más allá de esta penumbra, el día empezó hace horas.
Me acomodo y … buenas noches, espera un segundo, ahora tengo hambre. ¿Qué hago? ¿Me duermo o hago mi primer abdominal en mucho tiempo para levantarme?. El plan está en marcha: giro sobre mi mismo como una peonza y me levanto haciendo una flexión, porque he optado por ejercitar el pecho, no porque me sea más fácil ni nada, no penséis mal.

Pongo rumbo a la cocina mientras me voy rascando con las paredes y bostezando como un hipopótamo, esperando que esta mujer me haya dejado algo de comida. A fin de cuentas, es su único cometido aparte de mimarme… y de dejarme vivir en su casa. Pero no soy ningún mantenido, lo juro, yo pago mi alquiler en arrumacos y los míos son legendarios. Casi debería pagarme ella, en sustento, pero no seré yo quien se lo diga, dejaré que la idea parezca suya.

Me falta el aliento después de pasear esos 3 metros entre mis aposentos y la cocina, tanto que voy a parar un segundito la narración porque se me esta incluso nublando la vista.

Ya he vuelto. He tenido que cerrar un ratito los ojos… y tumbarme en el suelo de la cocina. Esto me hace pensar en si estoy en mi mejor forma y en si debería comerme este delicioso, sabroso y apetitoso plato que me ha dejado como se llame. A ver, que me desvío, lo que estaba diciendo es… que estoy gordo. Si, soy consciente. Estoy desanimado desde aquella visita a aquel especie de médico, que ahora que pienso, solo atendía animales. Pensar tanto me ha dado aún más hambre así que ya no tengo elección, ¡Bon appetit!

Bueno, ya me lo he comido todo, salvo lo que se ha caído del plato. No sé por qué, pero la comida una vez fuera del plato ya no me interesa, no sabría explicarlo.

Acabo de darme un culazo curioso bajando de la encimera. Antes era más ágil, saltaba vallas enormes y me podía lamer la entrepierna sin problemas. Ahora mi tripón se interpone entre yo y el paraíso. A ver, que podría hacer algo de ejercicio, a fin de cuentas solo perdí el interés en las gatitas no en mi mismo, y si me pongo a reflexionar creo que… me estoy meando.
Me han entrado muchas ganas de pronto, no creo que llegué a…. pues no, no he llegado.
Pues aquí me despido antes de que mi ama vuelva y vea el estropicio, un place….
-Luuuuuuke, ya estoy en casa peque.
Miau.