1230. ¡MALDITO CORONAVIRUS!
María Yarima Concepción Rodríguez | Conroya

¡Malito Coronavirus!
Ya sé que soy una exagerada, una dramática al más puro estilo Lorquiano, pero esto de estar encerrada en una habitación sin cobertura me está matando. Incluso mi padre me ha quitado el móvil, que ya ves tú, si no tengo cobertura, ¿qué se supone que voy a hacer con él?.
Me imagino la pérdida de seguidores en TikTok. ¡Maldito Coronavirus!. Ahora que había llegado a los dos millones de seguidores, ¡que la gente me reconocía por la calle!, me pedían hacerme fotos con ellos, incluso María Teresa, la del Spar, que esa señora nunca me ha tragado ni un poquito, y todo porque atropellé a su hermano hace un par de semanas, ¡por el amor de Dios Mari Tere, que llegaba tarde al directo!, además, te quedan otros siete hermanos. No debe haberle importado mucho lo de la muerte de Paco, porque se volvió loca por verme.

Lo más extraño de todo es que no reconozco esta habitación de casa, aunque supongo que debe ser la del final del pasillo, dónde mi madre tenía su máquina de coser. Han pintado las paredes de blanco y han cambiado las baldosas.
Otra de las medidas que tomó mi padre antes de mudarme aquí fue la de hacer un pequeño agujero en la puerta para pasarme la comida por ahí. ¿Recordáis la pequeña puerta de Alicia en el País de las Maravillas?, pues algo parecido. Siempre como con cuchillos y tenedores de plástico, otra medida para evitar el contagio.

Lo único que quiero es ver a mamá, me hace muchísima falta en estos momentos, es que me siento sola y eso que siempre he sido una loba solitaria, pero ahora que estoy tan indefensa, la necesito. Hace unos días la oí cantar para mí desde su habitación, una canción que me cantaba cuando era pequeña, «You are my Sunshine», aunque su voz parecía diferente, no sé si era por la anchura de los tabiques, por el eco de los pasillos, o porque ha vuelto a fumar. El caso es que su voz sonaba ronca y áspera. Grité lo más alto que pude para hacerme oír, «¡mamá, ¿estás bien?!». No hubo respuesta.
El tema baño lo llevo regular. Mi padre me dejó un orinal de esos de metal para que hiciera mis necesidades en él y no tuviera que ponerlos en riesgo cada vez que salía al pasillo. El orinal desaparece durante la noche, y por la mañana aparece debajo de mi cama, limpio y oliendo a lejía. Supongo que mi padre aprovecha mis horas bajas para entrar de noche al cuarto y llevárselo, porque no tengo ni idea de qué son esas pastillas rojas que me da en la cena, pero funcionan.

¡Maldito Coronavirus!
Han pasado cincuenta y cinco días y aún sigo encerrada. Eso es porque soy una de esas personas vulnerables, o como dice mi padre, paciente de riesgo.
He intentado abrir la puerta, pero alguien que no es mi padre me ha atado las manos.