529. MANDRIL
Luciano Montero Viejo | COMETA AZUL

-¡Alejaos de ese animal, es peligroso¡ -vociferó el teniente abriendo de un manotazo la puerta de la cantina.
Acababa de enterarse de que el mandril que sus legionarios habían adoptado como mascota hacía dos días era una especie de carácter imprevisible, capaz de infligir feroces mordeduras.
-¡Ni lo toquéis, os puede destroz…!
Se quedó petrificado al descubrir a sus hombres en alegre camaradería con el animal. Éste vestía una camiseta del Real Madrid y, tras apurar un trago de una bota de vino con estilo impecable, despiojaba por turno a sus compañeros de jarana. El teniente no salía de su estupor.
– ¿Qué hacéis, desgraciados? ¡Esta fiera os puede dejar listos de un bocado!.
Pero los despreocupados muchachotes lo miraron divertidos y escépticos.
– ¡No se preocupe, mi teniente, está totalmente integrado en la peña!
El militar se acercó precavidamente al simio y ambos se observaron con curiosidad, hasta que el mandril se dio la vuelta y mostró su larga espalda, en la que podía leerse: “Benzemá”. Los legionarios se doblaban de las carcajadas, y uno de ellos exclamó entre sofocos:
-¡No se lo tome a mal, teniente Masdeu! ¡El pobre no soporta a los del Barça!