1298. MANÍAS
Valentina Martínez Amigo | Velma

Ya no me importa salvar el mundo. Que nos devoren los plásticos. Esta mañana se ha colado en mi cuarto de baño un monstruo y creo que se aproxima el final de mis días.

Como de costumbre, y aun sabiendo que lo detesto profundamente, C. mi marido, dejó la taza del váter levantada; igual que el que abre la jaula de un zoológico para que los animales puedan huir libremente… ¡Y vaya si huyeron! No sólo fueron las mariposas negras y fúnebres de otras veces, las lagartijas y salamandras sonámbulas de algunas noches, sino que además de múltiples insectos salió un lagarto gigante, o un cocodrilo o un dragón (perdón si no me fijé bien), bramando enfurecido y verdoso.

C. ya no estaba casa (suele irse antes que yo) pero la tapa del váter, esa caja de Pandora cerámica y peligrosa, sí estaba abierta. Mi enfado con mi marido es mayúsculo en estos casos, pero hoy ha sido apocalíptico, me dejó aniquilada; qué terror mortal me invadió cuando encendí la luz del baño y vi aquella criatura terrible, mirándome, expectante. Apenas tuve tiempo, como en una película de terror mediocre, de refugiarme en el dormitorio, echar el cerrojo y esconderme detrás de la cama.

He llamado tres veces a emergencias, otras tantas a mi marido para echarle la bronca de su vida; a la familia para despedirme y a un par de clientes para cancelar sus citas y que comprendan que no les voy a poder atender…Todos creen que estoy loca, nadie se fía de mi historia; así que no tengo muchas esperanzas de que alguien venga a salvarme. Quién sabe.

Quizá el monstruo se canse y vuelva a las tinieblas subterráneas de donde ha surgido. Espero que mi marido, si sobrevive, cierre bien la tapa esta vez.