587. MANO DE MONO
Alejandro Garrido Cortés | Chichilla Galinda

Cuando termines de limpiar, no te olvides de llevarte la mano de mono maldita. Ese chisme es una basura. Le pedí ser el más rico de España, y luego me enteré de que fuera de España también había ricos, y mucho más que yo. Menudo bochorno cuando apareció Jeff Bezos y sacó un reloj que costaba lo mismo que toda mi fortuna. Un fracaso de deseo. Me pasé un mes encerrado en una mis mansiones llorando, y otro mes dando vueltas por mi bosque privado, meditando sobre la vida.
Decidí darle otra oportunidad a la pata de mono. Esta vez fui más listo, y le pedí encontrar al amor de mi vida, el mayor amor de todo el planeta. Al día siguiente llegó mi esposa, porque tengo Amazon Prime y nunca tardan más de 24 horas en traerme nada. Fuimos muy felices, realmente creí que esta vez había dado en el clavo. Lo hacíamos todo juntos, incluso el amor, no como con mis anteriores esposas. Pero un día fuimos al teatro y vimos Romeo y Julieta. Menudo bajón. ¡Eso sí que era amor! Resulta que la pata de mono me había dado el mayor amor del planeta, pero no de toda la historia. Menuda estafa. Al salir del teatro, le pregunté a mi esposa si estaba dispuesta a morir por mí, como Julieta. Me contestó que no veía la necesidad, que no estaba en ningún peligro que exigiera sacrificar su vida y que, por ella, seguíamos como estábamos. Fue un duro golpe. No sabes lo difícil que es tener que seguir amando a alguien cuando te parece una desvergonzada que no quiere morir por ti y que solo está contigo porque la ha embrujado una pata de mono mágica.
A pesar de este tremendo revés, no me di por vencido. Utilicé mi último deseo para pedir la inmortalidad: aquello no podía salir mal. Me lo concedió. Mi mujer murió hace cientos de años, la echo mucho de menos. Dilapidé toda mi fortuna hace décadas también, porque resulta que, aunque seas el más rico de España, si gastas sin ingresar nada durante una eternidad, al final el dinero se acaba. Mi gestor no me avisó de nada.
Ahora se ha extinguido toda la humanidad, y llevo mil años solo en el planeta. Ni siquiera quedan monos, así que no puedo serrarle la pata a uno para pedir más deseos. Solo me queda esta mano de mono vieja, gastada, que no deja de recordarme mi fracaso. Por eso te pido que te la lleves, que la apartes de mi vista. ¿Harías eso por mí, esposa querida? … ¿Esposa? ¿Mi amor? Nada, ni eso haces por mí. Ni morir, ni trasladar patas de mono. Pues muy bien. Sí, ya sé que ya moriste, pero no lo hiciste por mí. Lo hiciste de vieja. ¿Y ahora qué? Anda, mira, una lámpara mágica. Esta es fácil: genio, deseo que te deshagas de esta pata de mono.