968. MARIA NARANJA DEL CÍTRICO Y SUS AVENTURAS.
Susana Martínez Serrano | Serendipia

Me llamo Maria Naranja del Cítrico, de los Cítricos de toda la vida.. Me acaba de pasar algo bastante curioso.. Estaba yo aquí tranquilamente en mi árbol, cuando una chica se ha parado frente a mi, me ha mirado y ha empezado a hacer fotos, si no ha hecho 300 no ha hecho ninguna.
Primero me hacía fotos a mi, luego se ponía ella en la foto poniendo morritos, cara de susto, luego cara de sorpresa, con la lengua fuera como intentando chuparme luego parecía que me quería morder, después se ha puesto detrás y ha dicho ¡sorpresa! (no se a quien porque estábamos solas), finalmente ha parado. Y aquí viene lo mejor, tras la sesión fotográfica se ha puesto delante de mí y me ha dicho»¿que expectativas de vida tienes tú?», yo la he mirado y he pensado:» soy una naranja, que expectativas voy a tener?,esta chica debe tener mucho tiempo libre». Como no respondí, la chica se fue y yo seguí tranquilamente tomando el sol en mi árbol, cuando de pronto oigo:
-¡Mari, Mari! ¡Hola! Eo Eo Eo.
Miré a un lado y a otro y no conseguía ver a nadie, seguí a lo mío… Pero otra vez:
¡Mari, Maria Naranja! Aquí abajo, soy yo ¡Reineta!
Ahí estaba mi amiga Reineta, con ese color tan característico en ella, ni verde oscuro ni amarillo.
-¡Reineta! ¿Que tal? ¿Qué haces por aquí?
-Dando una vuelta, ¿te bajas a dar un paseo?
Me impulse, di un salto y bajé, Reineta me dijo que había dado un salto digno de las Olimpiadas.
Reineta y yo éramos amigas desde pequeñas, hacia bastante tiempo que no nos veíamos. Fuimos dando un paseo poniéndonos al día de nuestras vidas y cotilleos varios, que si había venido una pera de San Juan que se la veía un poco creída, la bronca que tuvieron un pepino y un tomate… Vamos los chismes del barrio.
Se empezaba a hacer de noche y decidimos volver, para atajar camino decidimos atravesar por la carretera, cuando vimos que un camión venía a toda velocidad.
-¡Corre Reineta, corre!
¡Ay Maria Naranja, no puedo correr más, es que he cogido unos kilos y no hay forma de quitármelos!
-¡Deja de hablar y corre!
Por un instante creí que no la volvería a ver, pero consiguió llegar.
-¡Ay Mari, estoy asfixiada! Tengo que ponerme a dieta y salir a caminar, no puedo seguir así.
Llegamos y nos despedimos, ella se fue a su Manzano y yo a mi Naranjo.

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