Más allá de las palabras
ANA MARIA MARIN OLMEDO | JOSEFA LÓPEZ MARÍA

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Habían intercambiado cuarenta correos electrónicos en los últimos veinte días, desde el día dos hasta el día veintidós. Anna lo recordó cuando se cruzó con una marquesina de autobús que marcaba veintidós grados, una temperatura absurda para una noche de febrero. Sabía que llegaba puntual, no esperó a ver la hora después de la temperatura, y continúo caminando. Desconfiada del destino, empeñado este último en explicarle que las cosas son porque tienen que ser, intentaba recordar a ese chico que sólo había visto una vez, que le resultaba extraña y cálidamente familiar. El bar en el que habían quedado estaba a dos calles ya, ahí sí, miró la hora, dos minutos para llegar. Aceleró imperceptiblemente el paso. Cogió el pomo de la puerta a las veinte horas. No tuvo que mirar dos veces, lo reconoció enseguida, ya esperaba sentado en una mesa cerca de la puerta. Sus sonrisas se encontraron en los dos metros que les separaban. Dio dos pasos, se dieron dos besos, se sentaron uno frente a otro, continuaron sonriendo e intercambiaron las primeras palabras. Sólo bajó la mirada para leer la carta y vio escrito a mano en una esquina el número de la mesa de su primera cita. Sonrió para sí antes de levantar la mirada y perderse de nuevo en los ojos de Javier.