832. MASCOTAS
Laura Pérez Caballero | Iseo Granda

Mira que se lo dije a los niños, que no era tan divertido como se veía desde fuera. Que acoger uno implicaba unas responsabilidades y obligaciones. Que a veces, incluso, acabas viviendo a su son sin darte ni cuenta, para cumplir sus órdenes y deseos dejando a un lado los tuyos propios.
Y claro, así fue como pasó, que ya se lo había dicho a los niños y los refranes se inventaron por algo, que más sabe el diablo por viejo que por sabio, pero vete tú a convencer a unos críos de eso.
Así que tuve que librarme de él. Con el consenso de los niños, eso sí, que nadie piense que les he quitado o robado yo nada.
Luego lo enterramos en el jardín trasero, muy cerca de la casa.
Y va el pequeño y se empeña en que podíamos poner una placa con la inscripción de “papá”, así como en plan homenaje o recuerdo, porque aunque nos saliera rana, es el único papá que han conocido. Pero esta vez no pienso ceder. Le he dicho que ni hablar, que ya tengo bastante con volver a ser madre soltera como para encima tener a la policía escarbando todo el día en el jardín mientras nosotros estamos todavía de luto.
Iseo Granda