Max
Neus Reverté Rofes | snowy

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Vaya, qué guapo estoy. Tengo el pelo liso y fino, huelo espectacular y hasta llevo un lazo alrededor del cuello. Creo que le llaman pajarita. Me gusta. Doy un par de vueltas sobre mí mismo. ¡Ha llegado el día! No me lo puedo creer. Oigo que se abre la puerta e inmediatamente cruzo el umbral para ver qué me espera al otro lado. «¡Hoy es tu día, campeón!» oigo que me dice alguien y le dedico mi mejor sonrisa. Estoy a una puerta de distancia de mi futuro y de repente miles de cosas pasan por mi cabecita. ¿Y si no le gusto? Me acuerdo de la última vez que estuve en esta situación y como terminó. ¿Y si no le caigo bien? No quiero volver a ver como se van y me dejan atrás. ¿Y si…? Se abre la puerta y todos mis pensamientos desaparecen cuando veo un humano mirarme con los ojos brillantes. Se agacha y me acerco a él, todo son caricias y sonrisas. «No necesito volver otro día» le dice el humano a la chica que me acompaña. «Con una cita he tenido suficiente. Qué digo, con verlo unos segundos he tenido más que suficiente. Ha sido amor a primera vista. ¿Preparado para ir a casa, Max?». Todas las dudas que tenía se desvanecen cuando el humano me abraza. ¿Casa? ¿De verdad? Vaya. Qué agradable sensación. Mi cola se mueve sola, y me lanzo encima del humano para darle muchos besos.

Espero pacientemente mientras el humano habla con la chica que me acompañaba, que se acerca a mí, me acaricia la cabeza y me dice que me porte bien. Salimos de lo que ha sido mi casa este último año y sigo al humano hasta un coche, que nos lleva a los dos a mi nuevo hogar. Durante el trayecto el humano me habla y siempre que puede me mira para asegurarse de que estoy bien. Es muy diferente a la última vez que estuve con humanos, éste… desprende calidez, felicidad y huele a casa. A hogar. Y me gusta.

Para el coche y bajamos juntos para entrar a una casa enorme. Ahí nos espera una humana que nos saluda alegremente y un mini-humano que corre hacia mí eufórico. Me abraza, se sienta a mi lado, me acaricia y me hace sentir algo que no había sentido antes. Juega conmigo y desbordo felicidad, hasta que los dos acabamos tumbados por el suelo. Apoyo mi cabeza en su regazo, y escucho que su vocecita susurra «bienvenido a casa Max. Te acabo de conocer y ya te quiero ». Me gustaría poder decirle que yo también le quiero, que voy a estar aquí para él todo lo que me queda de vida. Que vamos a ser mejores amigos. Que no voy a dejar que le pase nada malo. Y que por primera vez, siento que estoy donde debo estar.