1540. ME LEVANTÉ CON EL PIE IZQUIERDO
MIGUEL ÁNGEL ROSSIGNOLI MONTERO | MIGUEL ROSSIGNOLI

Un instante de cordura rompió mi sueño y me impulsó a despertarme con ganas de romper el mundo… Me levanté con el pie izquierdo. Supongo que debió haber sido señal para echarme atrás, pero estaba encabezonado en mi idea de bombero, si es que se puede llamar idea.
Tenía una entrevista. Estaba inquieto y no sabía qué hacer, cómo vestir o qué decir. Mi cuñado entiende mucho de imagen y de hablar en público. Así que…, no le llamé. No es que me caiga mal, pero entiendo que consultarle algo de tan poca importancia es como llamar a Hulk para abrir un bote de pepinillos. Sé lo que me diría: «¿ya está?» Justo igual que mi exmujer.
Dicho esto, me puse como traje mi mejor sonrisa y entré por la puerta en cuanto oí la voz que me llamaba. Supongo que serían los nervios y la presión que me metí a mí mismo, porque todo fue bien hasta que dejamos los saludos y comenzamos la entrevista.
Después de una serie de preguntas a nivel técnico, por supuesto, mal contestadas, di por hecho que por esa parte estaba descartado y pensé que, si era escogido, sería para que al menos diera un ambiente alegre.
Me agarré a un clavo ardiendo y conté unos chistes. Viendo que todos ellos caían en saco roto, intenté ganarme su simpatía por otros medios. Me quité la chaqueta y le enseñé la camiseta que llevaba puesta, en la que venía mi currículum impreso. No sé si le gustó o no, pues arrugó tanto las facciones que parecía un Bollycao al que habían pisado. Ahora que lo pienso, igual no estuve acertado, ya que el currículum no estaba actualizado.
Con el sudor cayendo por mi frente, se me refrescaron las ideas, y ya que me presentaba a un sitio en el que la imagen era muy importante, acudí al último recurso, me quité la camiseta y mandé el currículum a la porra. Me puse en pie, con los brazos extendidos abriéndome tanto como podía, y mientras sacudía el pecho le dije: «contempla el poderoso cuadro de mis genes». Es evidente que causé una impresión, ya que se quedó en blanco.
Después de un rato de silencio, me respondió: «pero si es un lienzo en blanco». Fue un golpe duro que no me esperaba y me dejó anonadado. Ante mi estupor, puso un espejo delante de mis ojos. Supongo que eso me devolvió a la realidad y ahora el golpe volvió por donde vino. Lo comprendí todo, y pensé para mí mismo: «si fuera humano sería una obra de arte abstracto y triunfaría, pero me ha tocado ser un pavo albino que no puede impresionar sacando sus colores».
En fin, la pava dio en el blanco con su comentario, y no me quedó más remedio que salir del lugar como empecé el día, con el pie izquierdo.