719. ME OLVIDARON EN UN TAXI
Ana Ferrer Sola | ferrermayor

Salimos una tarde para tomar un café con un amigo y se nos fue de las manos. Encadenamos horas y cervezas hasta que llegó la noche y nos marchamos porque habíamos quedado para hacer botellón. Llegamos allí una hora tarde y no muy serenas, para que nos vamos a engañar. Allí estuvimos dándolo todo hasta que llega el momento de la vuelta a casa. Con todo nuestro colocón, empezamos a andar rumbo a casa y cuando ya llevábamos un trecho andado, decidimos invertir lo poco que nos quedaba en coger un taxi. Como no teníamos mucho y sabíamos que no nos llegaría para llegar a casa, quedamos en que, cuando el taxímetro marcase lo que teníamos le diríamos que nos quedábamos allí y listo. Bien, pues cuando llegó el momento, se lo digo a mi hermana y me dice que no me preocupe que, al llegar a casa ella sube, coge dinero, baja y paga. Así que nada, me callo y espero a que lleguemos. Al llegar al destino, le decimos al taxista que no tenemos suficiente y que va a subir a por dinero, pero que yo me quedo allí, el taxista dice que vale, que no hay problema. Total, que allí nos quedamos el taxista y yo charlando de cosas de la vida (sinceramente no me acuerdo de qué hablábamos, estaba yo bastante perjudicada para recordar nada). Pasaba el tiempo y mi hermana no aparecía. Tanto tardaba ya, que el taxista preocupado, me dijo que a ver si le había pasado algo a la “muchacha”. “Eso espero, que le haya pasado algo”-pensé para mis adentros. Le planteé entrar yo, dejándole allí mi bolso con la documentación y le pareció bien. Y allá que voy para casa y al entrar, me esperaba un momentazo de los que hacen historia: mi padre en bata en mitad del pasillo que me pregunta que de dónde vengo y al decirle que de un taxi me dice muy cabreado que no le vacile, mi hermana también en mitad del pasillo poniéndose los vaqueros encima del pijama intentando no matarse al perder el equilibrio. Después de bajar y pagar al taxista, me entero de que lo que había pasado. Mi hermana entró en casa, se puso a buscar dinero y en ese tiempo se olvidó de mí, ¡se puso el pijama y se acostó! Gracias a que se levantó mi padre al baño y vio que yo no estaba, abrió la puerta del cuarto de mi hermana y, al verla allí, le preguntó:” ¿y tu hermana?, momento en el que mi hermana se incorporó en la cama al más puro estilo niña del exorcista gritando: “¡en un taxi! El cabreo de mi padre era de un tamaño indescriptible como os podréis imaginar; ahora nos reímos todos pero en aquel momento recuerdo que nos miraba y nos decía: “anda, que venís finas”, con una cara de querer matarnos que ni os cuento. Y así, señores, fue cómo me olvidaron en un taxi.