1385. ME QUIERO MORIR
Tolo Sansó | Judith Polgar

El abuelo, postrado en la cama desde hacía años, se lamentaba amargamente de seguir vivo. No dejaba de clamar, cada vez más intratable, que sólo deseaba la muerte.
-¡Me quiero morir! ¡Me quiero morir!-exclamaba colérico.
Sus días transcurrían en aquella habitación pulcra, sombría y angustiosa, de paredes desnudas y abolladas.
-¡Me quiero morir! ¡Me quiero morir!-profería constantemente para tortura de los demás.
Los demás eran la familia de su hijo mayor, que se había hecho cargo de él desde la enfermedad.
El nieto, de siete u ocho años, aunque impresionado por sus escenas, era el único que aún le tenía cierto afecto, y un día, viendo por la televisión una película de gangsters, una idea iluminó su rostro. En la peli salía el matón de la mafia destrozándole el cráneo al traidor con una ladrillo y luego dejando el cadáver tirado en mitad de un oscuro callejón.
En el rellano del edificio aún no habían acabado las obras. Todo estaba lleno de polvo, cemento, ladrillos y enormes cucarachas.
El nieto salió al rellano, pisó una cucaracha haciéndola crujir como a un puñado de kellog´s, después cogió un ladrillo y fue derecho a la habitación del abuelo. El viejo dormía profundamente cuando el niño entró.
La señora de la limpieza, al oír golpes sordos y violentos, acudió enseguida a la habitación y ahí encontró, horrorizada, la edificante escena. El anciano tenía el rostro cubierto de sangre y el crío seguía atizándole con entusiasmo.
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Los padres mandaron al chico a pedir perdón al abuelo. El crío, con expresión grave, pidió las disculpas. El abuelo estaba aún más pálido y hecho polvo que antes y con la cabeza llena de vendas.
– Lo siento abuelo – empezó el niño, con los padres detrás – Perdón abuelo… – siguió, volviéndose disimuladamente para ver cómo sus padres ya salían de la habitación – Lo siento…-y, guiñandole un ojo- La próxima vez no fallaré…