1177. MENS CHALADA IN CORPORE CASCADO
Cristina Navarro Soler | A todo que sí

Aquí, en el bar. Después de ocho horas de teletrabajo… una(s) cervecita(s), fría(s), de color dorado brillante como el oro, es la mejor forma de cerrar la sesión. Cerrar Windows. Hasta mañana.
He quedado con una amiga. Ella se ha pedido una Coca-cola zero. Le flipa la cerveza eh, como a mí. Pero dice que engorda. ¿Le das tú una colleja bien dada? ¿O se la doy yo? Mira, es igual, ya se encargará la vida de curtirla a palos. No se puede ir por ahí con esta actitud de mierda. Lo que engorda son los cacahuetes que te estás zampando con la Coca-cola zero, bonita, que te has comido medio platillo tú sola. Y luego la mala fama se la lleva la pobre cerveza. Si es que no nos la merecemos, joder. ¡No nos la merecemos!

Sí. Tras ocho horas sentada en la silla de mi despacho casero, con el portátil, me tiro un par de horitas más en la silla de la terraza del bar, mientras me bebo unas rubias. Y entre birra y birra, un cigarrillo. Así descanso un poco, oye, que si no me hincho. Lo de dejar de fumar ya…bah, para qué. Total, al paso que vamos, antes de que me de un cáncer de pulmón estaremos en una guerra nuclear mundial. O algo peor. A saber.
Si, podría irme al gimnasio por las tardes, a darlo todo, como hacen muchos de mis colegas. Pero que queréis que os diga… me tira más el bar. Eh, ¡y lo doy todo también eh! A muerte. En estos tiempos en los que están de moda los cuerpos atléticos, musculados, y los culos a lo Kardashian, yo luzco con orgullo mi cuerpoescombro de yonki trasnochada. Y no tengo Instagram. Soy la puta resistencia. ¡Que viva el punk joder!

En realidad, tal y como está el mundo y cómo van las cosas… lo más sensato que podemos hacer es darle fuerte a las drogas. A ver si con un poco de suerte se nos funde una luz del coco y nos quedamos un poco pallá. Y que ocurra lo que tenga que ocurrir, pero no enterarnos de la mitad. Sin pasarse, eh… tampoco hablo de quedarse gilipollas. Pero un poco “tocao”, como cuando vas con el puntillo. Joder, sería la hostia.

Porqué, dejadme que os diga, amigos míos, que con los tiempos que corren y el percal que se nos viene encima… cuanta menos cordura nos quede, más probabilidades tendremos de sobrevivir.