Metamorfosis
Sara Martín-Maestro Zamora | Sara Zamora

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Aunque la feromona que ella dejó caer estaba a kilómetros de él, la intuyó y con un rápido aleteo llegó hasta ella, llenando el cielo de piruetas doradas. Así, por pura atracción, batieron las alas. El calor del cuerpo de uno impregnó en el del otro y con la magia de la naturaleza, miles de vidas comenzaron a brotar.



Poco a poco, atravesando y adentrándose entre flores, frutos y tallos, esta vida se esparció. El huevo se rompió, la crisálida fraguó. Pero no fue hasta la última fase de la metamorfosis cuando ella se atrevió a salir a bailar de su mano, . Es verdad que, una vez fuera, la mariposa tardará de dos a cuatro horas en volar, pero en ocasiones solo hace falta una mirada para que vuele tan alto como desea. Y los gestos se vuelvan caricias, entrecruzar los dedos: promesas. Y esa noche así fue, voló tan pronto como los nervios por besarla se desvanecieron al sentir sus labios.



Una vez terminado este proceso, la pequeña mariposa emprenderá el vuelo junto a un compañero que no le corte las alas, sino que se las haga más brillantes en la oscuridad. Ella hacía que sus alas crecieran.



Bailarán toda la noche, reirán y planearán un futuro que, en la efervescencia de ese primer vuelo, siempre promete un bonito final.



Y al salir el sol, con el frío de la mañana, recordarán que, la vida de esas mariposas formándose en sus estómagos no dura más de cinco o siete días pero que, como dijo Gil de Biedma : “ […] la luz usada, la vida vivida, deja polvo de mariposa entre los dedos.”.



Juan volvió esa mañana a casa con la esperanza de volver a ver a María.