Mi Buena Suerte, volver a verte
Amparo del Rio Aragó | Flor de Lis

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Estoy mirando Instagram como una adolescente, intentando que las últimas horas del día se me pasen sin pensar. Según voy viendo reels, me llama la atención un anuncio de Lamucca, es un concurso de relatos sobre primeras citas, ¡qué idea tan maravillosa! Inevitablemente mi mente va como una flecha hacia ti y la primera vez que fuimos a comer juntos.

Sonrío para mí y empiezan a pasar imágenes a toda velocidad como un trailer de una película. Y siento un deseo que sigue ahí, aletargado, invernando por si un día vuelves a buscarme.

Esa mañana madrugué como todos los días para ir a trabajar y mientras me arreglaba en el baño, me puse música y empecé a probarme ropa para elegir lo que llevaría puesto. Mi marido me miraba de soslayo inquisitivo.

Era junio y hacia calor. Escogí un top burdeos, una americana verde y pantalón blanco. Estaba contenta y quería exprimir cada instante de ese día, principalmente porque no sabía si se repetiría y madre mía, lo había esperado tanto, que quería saborear cada instante por si era la primera y la última vez.

Y es que cada vez tengo más claro que lo mejor de las citas no es el momento en sí, sino el antes y el después. Cuando te recreas una y otra vez en la invitación y luego lo compartes con las amigas para exprimir cada detalle.

Lo cierto es que no me acuerdo que comimos exactamente, aunque sí que todo me supo a gloria, incluido tú. Nos pusieron en una esquina, el restaurante estaba a tope y había bullicio, pero para mí solo estábamos los dos. Pocas veces he estado tan nerviosa como ese día, apenas podía mirarte durante mucho rato seguido a los ojos y encima estaba preocupada por si se me veía demasiado escote.

Sé que hablamos de nuestras vidas, me preguntaste cosas, y tú me contaste un poco también. Pero eso no fue lo importante, lo importante fue lo que no nos contamos, lo que nos dijimos a los ojos sin hablar, lo que sentí contigo y que no había sentido con nadie más. Sí, porque estoy convencida de que esas cosas se saben, aunque a veces nos hagamos los locos, en el fondo lo sabemos. Sabemos cuándo tenemos delante algo que nos va a cambiar. Porque de hecho ya lo hizo desde el primer momento en que nos miramos.

Y es que cuando te encontré me vi reflejada en ti. Y como por arte de magia, me recordaste quién era y volví a ser yo otra vez, como si me hubieran despertado de un profundo sueño. Entonces supe hacia dónde dirigirme y fue surgiendo la mejor versión de mí para salir al mundo otra vez.

Y quería decirte por si te encuentras con estas líneas, que estoy bien, feliz en mi camino. Que es cierto que no te escribo, ni te digo nada, pero pienso en ti. Y te llevo en mi corazón. Siempre.