1556. MI EXÁMEN DE CONDUCIR
Rosario Uceda Solana | Charunga

Aquella noche no había dormido mucho, nerviosa por el examen práctico del carnet de conducir, me levanté temprano y la mañana ya prometía: me hice mi té, lo colé sobre el fregadero y me quedé con las hojas.
Me estaba maquillando y estornudé justo después de ponerme la máscara de pestañas, con lo que se me quedaron lis ojos como dos relojes con todas las horas marcadas ¡una cara de asombro!. En fin.
Por fin llego al punto de encuentro, localizo el coche de mi autoescuela y allí estaba mi profesor y mis dos compañeros de examen: Una monja y un chico simpatiquísimo y muy amanerado, que estaba hecho un manojo de nervios. Se abanicaba con las manos diciendo sin parar: ¡ay que nervios! ¡Que nervioso estoy! Voy a suspender…
En ese momento llegó el examinador que, viendo el panorama dijo:
– Mejor empiece usted, hermana.
Teresa (la hermana Teresa) se sentó al volante, colgó un rosario del retrovisor, y comenzó a poner una colección de estampas de Santos, encajados entre el parasol y el techo del coche.
No sé si fue por la ayuda divina pero hizo un examen perfecto.
Llegó el turno de David, que seguía haciendo aspavientos. Se puso el cinturón de seguridad, ajustó el retrovisor y, como empezaba a dar el sol, bajó el parasol y cayeron todas las estampitas de lis santos.
– ¡Hala, a tomar por culo la capilla! Exclamó moviendo las manos hacia arriba.
Al examinador le dio un ataque de risa, que nos contagió a todos.
Tuvimos que irnos a desayunar, antes de continuar con lis exámenes.
Serían Los Santos, el buen rollo que se creó….que aprobamos todos, aunque a mi no se me notaba porque yo olvidé corregir mi maquillaje y seguía con cara de asombro.