1401. MI PADRE SE ENAMORÓ DE MI MADRE PORQUE NO IBA MAQUILLADA
Ainara Rivera Rebollo | Golondrina

Mi padre ya está muerto y mi madre sigue sin maquillarse. Casi. Solo en bodas, y si son cercanas, y desde que mi padre no está no ha ido a ninguna, sigue esperando la mía. Se te va a echar a perder el maquillaje, mamá, le dije uno de esos días en que insiste en el tema. Tampoco se pintaba cuando iban al baile los sábados por la noche mientras nos dejaban con la abuela, la abuela buena no la arpía, no la que se las liaba a mi madre con que mi padre —su hijo— tenía querida. Las últimas fotografías de mi padre bailando y de mi madre maquillada están sin revelar aún, fue en la boda de mi hermano hace cinco años y mi hermano ya está separado de su mujer desde hace tres porque ella no quería hijos, se lo dijo en la luna de miel. Así que, no hay hijos no hay fotos.
Mi hermana mayor quiso casarse con un príncipe mucho antes de ser mayor, y cuando se anunció en aquella televisión de culo gordo la boda del príncipe con otra, nos reímos en la mesa familiar un domingo a mediodía ante el labio torcido de mi hermana que ya era mayor y además consciente de lo que les pasa a las personas que ríen las últimas. Ahora ella ríe al teléfono nuevo desde su coche grande camino a la pedicura y a la peluquería y a jugar al pádel los martes y los jueves a las once de la mañana, antes de tomarse un café lento ¬—sacarina, por favor— con las amigas. Su marido rico trabajando y su niño en el colegio, la asistenta limpiando cada día sus cuatro baños, los garbanzos ecológicos al fuego y el vino que no prueba en la bodega acristalada.
Tengo otra hermana que nada tiene que ver con la mayor y que no quiere que la saque aquí, es tímida y prefiere mantener el anonimato. Solo puedo decir que lucía la melena más negra, tupida y lisa que vi nunca hasta que se la quemó con las planchas del pelo cuando eran moda, porque ya eran moda hace cuarenta años. Que tiene las tetas más bonitas que yo vi jamás, o tenía, porque hace mucho que no se las veo y tiene dos hijos bien amamantados. Y que hizo la comunión a los trece años en vaqueros azules y sudadera verde porque nunca le gustó llevar vestidos.
Yo, como mi madre, no me maquillo. Ni siquiera en las bodas, y menos en la mía porque no quiero tener hijos y por eso no me caso, no vaya a ser que me pase como a mi hermano. O quizá no me maquillo para que mi padre se enamore de mí como lo hizo de mi madre. Mi padre ya no, pero ustedes me entienden.