869. MI POBRECITO MARIDO
FERNANDO ANGULO MONACELLI | Fernando Lugasi

MI POBRECITO MARIDO
Una mujer madura se mira al espejo esperanzada, obteniendo la consiguiente bofetada de realidad.
Su marido la consuela – Pero si tienes una mirada llena de sabiduría.
– Por eso te has acostado con una niña con mirada de vaca tonta.
– De verdad que lo siento en el alma.
Ella pregunta compungida – ¿Es que no te sentías querido?
– Lo que pasa es que me sentí de nuevo como un seductor colosal.
Ella pregunta ocultando a duras penas su inseguridad – ¿Cómo era en la cama?-
-¡Era insufrible! Parecía una monitora de aerobic con una sobredosis de cafeína. Todo el tiempo gritaba dándome órdenes ¡Ponte encima, dale más ritmo! ¡En veinte segundos cambiamos postura! ¡Respira por la nariz! ¡Ahora relaja!
Aliviada al adivinar que él no había gozado de una experiencia paradisíaca: – Entonces no viviste un experiencia repleta de sensualidad.
– Te confieso que con tanta agitación hasta sufrí un tirón en la espalda.
Ella aprovecha para humillarle – Siempre fuiste un amante lamentable. Cuando veo una pantera por televisión pienso que es lo mas opuesto a tu perfil de amante. En la cama eres más como ese animal que se encarama a un árbol y pasa mas tiempo dormido que despierto ¿Cómo se llama? ¡Ah, ya me acuerdo, el perezoso!
– Ya lo sé cariño, siempre que te pregunto si te ha gustado escucho esa risita….
La mujer cambia de tema debido a que el apocamiento de su esposo no alienta la escalada de su enfado – ¿Y la chica tenía buena conversación?
– ¡Qué va! No le interesaba más que la ropa y los cotilleos de las revistas del corazón. Nunca olvidaré su cara de espanto cuando le pregunté por sus novelas favoritas.
Ella dice suspirando – No sé qué hacer, ahora te veo distinto; como si tu rostro hubiera perdido su inocencia, convirtiéndose en un emoticono diferente: el de un canalla.
– ¿De verdad?- El marido se mira al espejo deseando internamente que su rostro abandone al fin su carácter anodino – ¿Crees que ahora tengo cara de malote?
La esposa mira a su marido exasperada por la estupidez que este exhibe incansablemente.
Aparece una chica joven rebosando despecho.
-¿Todavía sigue este hombre en tu casa? ¿Sabes que también se acostó conmigo? Perdóname prima, es que tu marido me parece una persona tan achuchable… le notaba una autoestima tan baja….
– ¡Y para que la quiere tener alta si se lleva a todas las mujeres de calle! ¡Fuera de mi vista los dos, no quiero veros nunca más!- Les arroja un jarrón que “casualmente” aterriza en un retrato de su suegra.
Pero cuando la esposa se queda a solas, su semblante cambia por completo. Sorprendentemente, su actitud denota que su dignidad ha salido intacta de la situación. Descuelga el teléfono. – ¿Reynaldo, eres tú? He decidido que no voy a escaparme contigo. Me he dado cuenta de que estoy casada con un seductor extraordinario, el seductor mas apocado e insaciable que puedas imaginar.