MI PRIMER CAFÉ EN LA VIDA REAL
María Fernández Insua | MariaatravesdelEspejo

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Fue la primera vez que tome un café en una cafetería de verdad. En el mundo real. Después de ese día me volví adicta al café. Adicta al color de los ojos de un desconocido. Adicta a vivir en una realidad donde los olores si se podían percibir. Y no imaginar. Al salir de casa me encontré con el ruido de Madrid. Una ciudad donde los individuos estaban atrapados en complejos mecanismos. Antes de llamaban móvil. Hoy le llaman Realidades Alternativas. Lo mejor del mercado.

La cafetería estaba llena de gente en silencio entretenidos con sus aparatos. Sin hablar. Sin mirarse. Dejé mi maletín en el sillón cargado de libros. Me senté y nada más abrir «Ensayo sobre la Ceguera», empecé a sentir una sensación extraña.

Levanté la vista y aquellos ojos color café parecían estudiarme. ¿Me conocía? Imposible

Hoy la gente no conoce a nadie. Solo perfiles falsos en la Nube. Yo no tengo redes sociales. Soy invisible. Un fantasma. Aún así, aquel chico, empezó a sonreír. Agarré con fuerza mi libro por si tendría que usarlo como arma.

Se acercó y se sentó en mi mesa. La camarera me dejó un café con nata. Tenía la cara pegada a su iPad. Debía ser muy importante aquello. Para no mirar ni por donde pisaba.

– Hola —dijo el desconocido de ojos color café.

– ¿Qué cree que está haciendo?

– Sentarme con una desconocida a tomar un café, si me lo permite.

– ¿Y porque debería?

– Porque llevo años presenciando el desastre. Mucho tiempo sumido en una pena. Hecho de menos mirar a unos ojos que también me vean. Contar una historia sin mirar un reloj o una pantalla cada segundo. Y te he visto a ti. Con tu libro. Sonriendo. Sin un aparato de esos. Y triste. Compartiendo mi misma pena por este nuevo mundo olvidado de sí mismo. Que he empezado a desear con toda mi alma conocer a esta desconocida.

Cuando terminó de hablar pensé en que yo solo venía tomarme un café. Pero dos lágrimas cayeron por mi rostro. Al hablar por primera vez con alguien. Cara a cara. Era una experiencia que solo había leído en libros.

– ¿Quieres conocerme? Ten —le tendí mi libro —. Cuando lo termines ¿te parece volver a quedar para tomar otro café?

Él sonrió y asintió. Hacía mucho que no lloraba sin ser en silencio. Esa fue mi primera vez . Un café en una cafetería en la vida real. Mi primera vez conociendo al chico de ojos color café.

Y creyendo que quizás sí volveríamos a ver Madrid y el resto del planeta, con parejas en cafeterías hablando, riendo y amándose a través de los ojos. Rompiendo por fin el silencio y la indiferencia a nuestra realidad que una vez invadió nuestras mentes y cuerpos, como una puñetera pandemia artificial.