MI PRIMER PECADO.
Alicia Martín Cabezas | Bonita del Norte

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Mi padre era un hombre chapado a la antigua y tenía como objetivo principal proteger el honor de sus hijas. Su obsesión provenía de la vida disoluta de su juventud y de su conocimiento del mundo de la noche. El problema es que sus noches habían sucedido hacía unas cuantas décadas y no se situaba en que en la España de los años ochenta las cosas habían cambiado mucho, demasiado.

Por lo tanto, yo, su pequeña hija adolescente y convertida en una voluptuosa mujer a los quince años, muy a su pesar, se convirtió en su punto de mira. Había que controlar todos sus movimientos y desproveerla de cualquier tipo de libertad que la hiciera accesible para cualquier energúmeno que osara acercarse.

Por eso yo desarrollé un buen músculo mental que me proveyera del suficiente talento para escaquearme de su control total…todo era una cuestión de tiempo, de esperar el momento oportuno.

Por eso aquel primer beso a mis quince años, con un chico de dieciocho en un guateque en casa de los padres ausentes de una amiga, me pareció tan perfecto. Fue el pasaporte a una vida de pecado,repleta de sensualidad, que me encantó y convirtió mi mirada inocente en una mirada picarona. Fue en ése preciso instante con mi minifalda tableada, estrechando mi pecho entre los brazos de este chico que me acariciaba los oidos mientras se escuchaba de fondo la cancion de Robertta Flack , «Suavemente me mata con su canción» cuando decidí que sí, que quería pecar, pecar a menudo en la clandestinidad, con esa oscuridad que conferia a la atmósfera todo ese sabor excelso a transgresión.

Ni qué decir tiene que estudiaba en un colegio de monjas y eso ayudaba todavía más a qué yo me rogodeara en mi pecado. Me encantaba rememorar en mi memoria esa primera vez y aun ahora, cuando escucho esa canción me sumerjo en una atmósfera cálida, dulzona. También recuerdo nitidamente su mirada llena de deseo hacia mí y el poder que eso me conferia con los hombres, y del que tantas veces fui consciente.

No hace falta explicar cómo viví mi adolescencia y juventud con un padre tan autoritario y con tantas ansias de libertad por mi parte. Imposible conciliar ambas cosas sin que saltarán chispas a diario en casa.

El temor a que a mi padre le pusieran al día sus informadoras cotillas, que acudían los lunes a su consulta médica para pasarle el parte. Supongo que a alguna de ellas le dolían excesivamente las miradas de sus maridos a mi lozana juventud. Eran otros tiempos…

Magníficos tiempos para salir de la represión franquista y disfrutar de todas nuestras primeras veces.

En todo caso, siempre tenemos la virtud de revestir el recuerdo de » esas primeras veces» de aquella ilusión , de la que ahora carecemos y añoramos tanto.