Mi primer tinder
Alejandra Velázquez | Ale

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«- ¿Esta falda me queda bien?¿o mejor el vestido? ¿pelo suelto o recogido?¿liso u ondulado?¿me pinto o voy natural?

– Tía, te pongas lo que te pongas vas a estar preciosa.

– ¿Pega este color de blusa con el pantalón?

– Eres muy pesada, amiga. Ya ha visto tus fotos de insta y os habéis mandado fotos. A ver, pruebate esto. ¿No te compraste un vestido verde botella hace poco?

– Ya, pero no es lo mismo. ¡Ay, estoy muy nerviosa, amiga! ¡Ayuda! !SOS! No sé qué ponerme, de verdad.

Mi amiga intentaba calmarme, pero en el fondo estaba más histérica que yo. Era mi primera cita de tinder y entre las dos sumabamos más miedos que todas las fobias ya existentes.

– ¿Y si no viene? ¿ Y si me deja plantada?

– Me preocupa más el después si llega. No le digas dónde vives, ni le des información de cómo vuelves a casa.

– Joder tia, no me metes miedo en el cuerpo, que me cortas el royo. Tienes mi ubicación además.

– Tienes razón amiga, perdona. Disfruta el momento, que todo fluya. Y conoceros.

Mi amiga y yo somos dos almas intensas, con miedos, desconfianzas, nervios. Perdiendo los papeles.

Ella me acercaba en coche para luego recogerme. Al principio íbamos calladas con la música de fondo incapaces de mediar palabra. Me miró y vio como me temblaban hasta las pestañas. Sabía que yo también desconfiaba en el fondo.

Subió la música, empezó a cantar a gritos y entre las dos casi rompemos los cristales del coche. Pero queríamos desfogar.

Llegamos, me dejó en la puerta y me dijo; amiga, me quedaré aquí 10 min y si no me escribes es que todo va bien y me voy.

El ya había llegado y me dijo por WhatsApp que estaba sentado frente la puerta. Quizás también valoró la opción de tener que salir corriendo…

Bajé del coche, abrí la puerta del restaurante y ahí estaba él.

La persona con la que había estado hablando por WhatsApp y tanto quería conocer. Y a la vez la persona que más había «odiado» en mi vida por el daño que me había hecho. MI EX.

Tantas horas decidiendo qué ponerme, cómo peinarme, cómo pintarme, cuestionandome qué me encontraría, para esto.

Me di la vuelta, me metí corriendo en el coche de mi amiga y le dije gritando: ARRANCA. Era él.

No hicieron falta más explicaciones para que ella me entendiera.

Desde entonces, aprendí a no ilusionarme con nada ni nadie.

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