MI PRIMERA CITA
MARIA PAULA GOMEZ ORTIZ | Samantha de la Roa

4.5/5 - (177 votos)

Había llegado el jueves, la cita era a las 19:30. Así que, a eso de las seis de la tarde, me empecé a arreglar, en realidad no sabia que ponerme, tenía muchos calzones, grandes, pequeños e incluso un hilo pequeño de color rojo, el cual me pareció muy atrevido llevar, así que opté por los negros grandes, que además estaban nuevos. Me puse unos vaqueros, una blusa blanca, que aunque era un poco elegante, no dejaba de ser cómoda. Decidí vestir la chaqueta de cuero que estaba en el armario. Preferí no llevar tacones, asi que me puse las botas negras largas planas que me había regalado mi madre.

Al salir de la casa, tome un taxi, pues los nervios me impedían bajar las escaleras del metro. Mi corazón parecía un tren de alta velocidad, me latía como a cuatrocientos kilómetros por hora, las manos y las piernas me temblaban, un sudor frio me recorría la espalda y no podía dejar de pensar cómo sería él.

Al llegar, me baje del taxi, sin poner mucha atención a lo que me decía el taxista, le pague y me quede al frente del edificio petrificada, había llegado el momento. Sin embargo, aún eran las 19:15 y mi voz interior me decía: Marí Carmen, aún puedes devolverte y salir corriendo. No obstante, subí, de acuerdo con las instrucciones al piso tres puerta derecha. Me abrió María, quien muy cordialmente me saludo, me dijo que tomará asiento, que en un momento me atendería. Yo no dejaba de mirar el lugar, como era invierno ya estaba oscuro. El sitio era agradable, pequeño, con luz tenue y música clásica, estaba muy bien organizado y sus acabados en madera lo hacían sentir realmente acogedor.

De repente, salió él, más joven de lo que me imaginaba, tendría unos cuarenta años y se encontraba en muy buena forma, con una sonrisa cálida me saludo y me hizo pasar. Lo primero que dijo fue “Marí Carmen, ¿verdad?. Tranquila, te ves muy nerviosa, no sientas vergüenza” seguidamente, me preguntó mi edad, a lo que yo respondí “cumplí 18 la semana pasada”, luego y tras observar lo nerviosa que me encontraba, me dijo “es tarde, vamos al rollo, luego llenamos esto. Quítate los pantalones y los calzones también”. Yo, que tanto había temido ese momento, obedecí sin oponerme a sus órdenes. Luego dijo, “acuéstate con las piernas abiertas, me observo detenidamente y después de unos minutos dijo: “me comentaste por teléfono que tenías flujo, yo veo todo muy bien, pero, solo para estar seguros vamos a hacer un cultivo vaginal. Ya puedes vestirte.” Yo tras sus palabras suspiré y pensé, por fin acabo, después de todo, no fue tan terrible mi primera cita al ginecólogo.