MI PRIMERA CITA CON UN MUERTO
MARIA YOVANA DIAZ MARTIN | YOVANA DIAZ

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Hace algunos años trabajaba de enfermero en un hospital, mientras estudiaba medicina. Mi carácter me ayudó bastante, pues mi humor era de sobresaliente y sentía curar mas veloz a mis pacientes.

Reconozco que la gran mayoría, mis bromas eran muy pesadas ,incluso de mal gusto, para mis compañeros, nunca pensé cambiar, pues mis pacientes se reían a pesar de su patología, solo por eso, merecía la pena aquellas maravillosas bromas.



Después de un tiempo, terminé el máster de medicina.

Me gustaba curiosear en sitios nuevos sin pensar, cuándo, donde y porqué me metí. Sabia que podía resolverlo sin problema.



Me consideraba joven, y todavía con suficientes neuronas activas, como para seguir aprendiendo, investigando e indagando en lugares y terrenos rugosos.

Pasado un tiempo, empecé a estudiar tanatopraxia, durante mis guardias del hospital.



Cuando me dieron la titulación, fui a pedir trabajo al tanatorio de mi pueblo, y por suerte me contrataron, pues se podría decir que era pluriempleado ,y así ganaba un extra, para pagar la hipoteca.

Mi primer día de tanatopraxia, me acompañaron dos compañeros.

Antes de llegar tuve un parón, algo breve en la puerta de aquel lugar, pensando si entrar o salir corriendo.

Mi comportamiento nunca llegué a entenderlo, pues como siendo medico, me aterrorizó entrar en aquel lugar.

Cuando decidí atravesar la puerta, la dueña me estaba esperando, me explicó mis funciones y una de ellas era maquillar al fallecido.

Entré en una sala, donde se ubicaba el muerto y uno de mis compañeros, desapareció, por un momento ,pensé que fue por miedo pero nunca imaginé, el motivo.

En breve empecé a maquillarlo.

De repente me pareció moverse pero hice caso omiso , pensé que serian los propios nervios, y seguí maquillando. Mí cuerpo empezó a sudar rápidamente.

A los pocos segundos un brazo me agarró la pierna.

Mi cuerpo sufrió un shock repentino. Cuándo me recuperé de tal situación, uno de los compañeros que me acompañó al tanatorio, me confesó, haberse metido debajo de la mesa del muerto agarrándome de la pierna.

En ese momento sin ninguna piedad me dijo con cara de satisfacción;

-Te lo merecías por todas las bromas que hiciste durante años-.

fin