Mi primera cita conmigo
Tatiana Monfort | #malahija

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Mi primera cita conmigo

Ya hace tiempo que mi mente no consigue centrarse, equilibrarse, lograr esa paz que una necesita para mantener la concentración con lo que hace en la rutina diaria, como sostener el tiempo de trabajo sin demasiados contratiempos, y no hablo de problemas laborales, sino de actitudes.

Hay que parar, pensé, parar y aprender a valorar los tiempos, la intensidad de los momentos, recuperar la frescura de la inmediatez, de la espontaneidad, la posibilidad de ver el mundo de una manera más amable, más esperanzadora, más cordial, más afectuosa y acogedora. El mundo no está contra ti, volví a pensar.

Decidí seguir los consejos de buenas amigas y me preparé para mi primera cita conmigo.

Reconozco que luché contra la tentación de iniciarme con los titulares de prensa, no muy aconsejable en estos tiempos, pero, finalmente, me dispuse a dar uso a la suscripción que me regalaron por Navidad e iniciarme en el método.

Esa noche la pasé bastante inquieta, me desperté varias veces y, finalmente, antes de las cinco de la mañana, ya estaba en pie. Me centré en el silencio de la casa, de la calle, tan solo acompañado por el sonido de mi Kettle calentando el agua de mi primer ansiado té del día. Este es el momento, pensé.

Atendí a la importancia del ambiente alrededor, un rincón acogedor de casa, encender esa gran vela que me regalo mi amiga Claudia, y que en ese momento no entendí su significado, el difusor con ese aceite esencial que en sus instrucciones de uso ponía “aromas para meditar” y que todavía estaba sin abrir, una música de cuencos tibetanos que encontré en el Apple music y que me pareció adecuada y, con todo esto, me sentí preparada para mi importante cita.

“Confianza en ti mismo” se titulaba mi primera sesión.

Era tal el interés, el ansia por saber en qué podía consistir y, sobre todo, las ganas de que surtiera efecto en mí, que no se si logré lo que creía era el objetivo.

No pude evitar contrastar lo que había escuchado sobre las dificultades de esa primera vez, como todo en la vida, siempre hay una primera vez de la que has oído hablar.

En este caso, resultó difícil parar esa mente que funciona al doscientos por cien por una autopista de cuatro carriles, difícil echar el freno o reducir la marcha que, por inercia, nos arrastra todos los días a un estado de ansiedad que no podemos evitar. Tardé unos minutos en conseguir la concentración, por otra parte, tan necesaria, estaba agotada del movimiento y fatigada por la velocidad.

Reconozco que, cuando pasados unos minutos sonó el “dong” del final, sentí que me había sabido a poco. Solo te estás iniciando, no debes tener prisa, me dije, justamente esto requiere su tiempo.

“Soy única y he de confiar en mis decisiones”, esa fue la frase que anoté en mi cuaderno de meditación.

Esa frase y mi primer té de la mañana fueron mi regalo.