885. MI PRIMERA COPA
Aida Campos Bescós | Aida Campos

Hay copas y copas. Está la copa que ha ganado tu equipo preferido, las copas de ese sujetador que nunca llegarás a llenar o esa última copa que sí te llenaron y que no debiste tomar anoche. Pero hoy voy a hablar de la primera, de la primera vez que usé la copa menstrual.

Cuando me decidí a usarla todo parecía mucho más fácil, pero ya solo comprarla fue una odisea. Las chicas de la tienda me preguntaron qué talla quería y yo les dije que en Bershka solía usar una S, pero al parecer la cosa no funcionaba así. Me explicaron que había 3 tallas (S, M y L) y que según ponía en la caja, para mayores de 25 años correspondía la talla más grande. ¿En serio? ¿La talla L? No sé, alguna vez me han dicho que soy un coñazo, pero de ahí a eso…
Mil preguntas invadían mi mente cuando la dependienta sacó ese chisme de la caja y pude ver el tamaño. ¿Perdona? Eso no era una copa, eso era la Champions League de las copas, era como una reproducción en látex fucsia de Moby Dick. Cuál sería la cara que puse, que la dependienta me dijo «Tampoco te fíes mucho de lo que pone, si quieres llévate la M y pruebas”. Eso hice, pero ponerse aquel trasto infernal no fue el problema, el problema vino cuando tenía que quitarlo…

¿A qué huelen las nubes? Yo lo sé, a desesperación. Mi cuarto de baño se convirtió en el escenario de una función de contorsionismo digna del circo del sol. Pero por más que indagaba aquello no aparecía por ningún lado. Y es que, por lo visto, algo más que la ilusión se había perdido dentro de mí. Qué imagen más lamentable cuando, presa del pánico del momento, caminé como pude hasta el salón con la cabeza gacha y el pantalón a media asta en busca de ayuda. Mi novio, que rápido notó la angustia en mis ojos, buscaba soluciones en internet mientras yo buscaba en mi interior. La clave estaba en relajarse, decía Google, pero cualquiera lo hace cuando lo único que se te viene a la cabeza es la humillante imagen de ti misma acudiendo a urgencias… ¡Ni de coña, que vergüenza! eso tenía que salir de ahí como fuera. Era una batalla mujer Vs trocito de plástico que tenía que ganar sí o sí. Así que me dije a mi misma “nena, esto vas a tener que parirlo”. 45 minutos más tarde y después de haberme metido más mano que José Luis Moreno a sus muñecos, conseguí por fin liberarme.
Hay copas y copas. Sí, la copa menstrual estará muy bien… Pero personalmente prefiero un Gin- Tonic.