Mi primera desilusión
Concepción Cortés Martínez | Conchi

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Ya de mañana, Anais salió contenta a su primera cita. En ese lugar de luz tenue se encontraba el escritorio de el hombre con el que había quedado, donde Anais, sin indagar mucho vio una fotografía de una mujer desconocida. Ella no podía creer lo que estaba viendo. Los celos la hacían temblar y los nervios quemaban su cabeza. Ella estaba realmente interesada en ese hombre y no podía parar de preguntarse por qué él permitió que ella viera aquella imagen. También tenía garabatos colgados en la pared. «¿Tendría hijos?», se preguntaba la chica. «¿Por qué no me ha dicho nada?», volvió a preguntarse Anais. «¿Cómo estás, Anais? ¿Todo bien?», le preguntó simpáticamente aquel hombre. Ella no era capaz de entender por qué aquel hombre le aceptó aquella cita si ya tenía una esposa e hijos. «Todo bien», asintió Anais. «Cuéntame qué te pasa», le dijo él muy interesado. «¿Qué me pasa?», le contestó Anais, «no me has dicho que tenías familia y has aceptado esta cita». «¿De qué hablas?», dijo él. «Sí, ¿por qué aceptaste esta cita? ¿Por qué me preguntabas todos los días cómo estoy? ¿Ya no estás interesado en mí?» «Anais, te pregunto todos los días cómo estás porque esto forma parte de mi trabajo. Soy tu nuevo psicólogo». En ese instante Anais no paraba de pensar por qué el psicólogo no se presentó como tal en vez de ilusionarla, a ella la parecía tan atento ya que preguntaba todo los días cómo estaba ella, pero también se empezó a dar cuenta de porqué un hombre desconocido tenía su número de teléfono y nombre completo.