MI PRIMERA EXPOSICIÓN
María Concepción Castro | C.Castro

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Preparaba mi primera cita con el público de una exposición de mis pinturas, pero pretendía que mis cuadros tuvieran alma.





Eso me llevó a vivir extrañas experiencias que desembocaron en aquella primera cita.



Empezaron a llegarme postales y cartas con direcciones, las cuales llena de curiosidad, decidí visitar con mi cámara. Encontraba paisajes y diversos motivos, realmente interesantes para mis cuadros, solo que al no saber quién me los enviaba, empezaron a causarme extraños estados de ánimo, que me quitaban el sueño o me producían pesadillas.





Tuve una experiencia extraña, y ahora temía acostarme, por si se volvía a repetir. No sabía si estaba dormida, solo muy cansada por dentro y por fuera, me recosté en mi cama, con remordimiento por saber que era mucho trabajo el que tenía pendiente.



Mi yo interior, me aconsejaba que debía seguir, pero mi cuerpo exhausto, no me permitía moverme.





En esa lucha interna, de repente me vi flotando en el techo de mi habitación y mi cuerpo tumbado en la cama. Lo miré esperando que me reclamara, pero, como no lo hacía, tuve que volver a él y relajarnos juntos. Lo debí de conseguir, estuvimos los dos un día dormidos.





Las cartas y direcciones, me llevaron a una casa muy grande, rodeada de girasoles. Comprendí enseguida que debía pintarlos. Mientras lo hacía, un enjambre de mariposas revoloteaban a mi alrededor y parecía que cuchicheaban entre ellas, más yo las entendía, ellas me decían los colores y me guiaban la mano por donde debía pasar el pincel.





Las mariposas me siguieron después a todas partes, hasta que decidí pintar una gran mariposa , como una única protagonista de un cuadro. Tenía cuerpo de mujer y alas transparentes, la vi dentro de un tronco retorcido en donde había mucha luz.



Yo sabía que no era natural lo que me pasaba, pero era mi realidad, era mi deseo de que mis cuadros tuvieran alma.





Un viaje que me dirigió a la playa, fue el principio del desenlace del misterio de las misivas. Allí encontré un marinero.



Era amigo de un familiar mío y sabiendo de mi exposición y dado que él era marino y viajaba mucho, había pensado mandarme fotos y direcciones para que yo lo viera igual que lo veía él.





Me había dormido en la playa a la sombra de una preciosa barca, la cual tenía intención de pintar. Cuando desperté el marino no estaba, la barca tampoco, y yo tenía un pequeño colgante con un cordón y una caracola naranja que había visto en la casa de los girasoles.





Todo estaba entrelazado, pero nada me explicaba mi caos, me preguntaba si era sueño o realidad.



Más llegó el día de mi primera cita con el público de mi exposición, yo estaba aterrada, pero el murmullo que se oía decía: «Estos cuadros tienen alma…».