MI PRIMERA VEZ EN EL ALTAR
María Fernández Insua | MariaatravesdelEspejo

3/5 - (2 votos)

Mi cuerpo estaba cubierto de un precioso vestido vaporoso de color blanco. Sobre mi cabello, caía un velo transparente como una cascada. Y mis ojos no podían quitar la mirada de aquel Cristo crucificado en la cruz. Clavado, mostrando un rostro humano de dolor. Ensangrentado. Era una sangre muy realista para ser de madera pintada. Había llegado la hora. Mi primera vez en el altar. Mi primer trato con un ángel que no sabría si me llevaría al cielo o a los infiernos. En el amor, una vez lo pactas, tu destino forma parte de su libre albedrío. Y, entonces, ya no hay marcha atrás.

El sacerdote empezó a hablar:

– ¿Renuncias a una vida en soledad?

En mi mente surgió una imagen de aquellas noches con una copa de vino y una pizza enorme. Viendo mi película favorita y sonriendo. Yendo por las mañanas a una cafetería a leer. Corriendo por las montañas. Sintiendo el viento helado de la mañana. Sintiendo de nuevo la libertad.

– Sí, renuncio —afirmé.

– ¿Renuncias al dolor del pasado?

Mis recuerdos viajaron ahora a mí salón. Siendo golpeada y arrastrada por el suelo por aquel hombre. Un monstruo del peor cuento jamás contado. El recuerdo del sabor metálico de la sangre en mi boca. Y mis gritos ahogados en lágrimas.

– Sí, renuncio. —afirmé mirando el rostro de aquel Cristo marcado por el sufrimiento. Y terriblemente familiar.

– ¿Renuncias a las seducciones de un mal amor? ¿A pactos antiguos?

Viajé a esos meses posteriores, tras descubrir al monstruo del cuento. Me vi haciendo la maleta a todos prisa antes de que llegara. Huyendo de mi propia casa. Huyendo del monstruo que una vez creí amar. Y prometiéndome a mi misma no volver a pactar jamás con el Amor.

– Sí, renuncio.

– ¿Aceptas el abrazo de un nuevo Amor?

Aparté mis ojos del retablo del altar y lo vi a él. Deseé a través de los ojos grises de aquel hombre trajeado, que no fuese un monstruo. Deseé no haberme vuelto a enamorar, pero no pude evitarlo. Confié en que está vez sería distinto. Confié de nuevo en el amor.

– Sí, acepto.

– ¿Deseas ser bendecida por la promesa y el pacto de la unión eterna?

Nunca había creído en la eternidad. Ni en el sentimiento al que pretendía unirme otra vez. Pero pensé que el hecho de que existan los monstruos, significa que los príncipes también deben rondar por este mundo para combatirlos.

Deseé así que mi primera vez en al altar fuese mi primera vez sin miedo a los ogros, los brujos, los duendes, los magos… Recé para comer perdices en nuestra cena de bodas. Iniciar un buen final en un nuevo cuento.Y que quizás ésta princesa olvidada ya habia saltado de la torre. Y por el camino un príncipe le estaba esperando. Su príncipe de ojos grises.

– Dicho sea, id en paz y que los ángeles y las perdices estén con vosotros.