Mi soledad, tú y yo
Marcela Carrera Miranda | Marce

5/5 - (1 voto)

Siempre he disfrutado de la soledad, para mí es de lo más normal y necesaria, comer sola de vez en cuando, caminar por la ciudad, escuchar nuestros pensamientos, básicamente eso es para mí. Recordar esos domingos de juventud y resaca en casa de mis padres, encerrada todo el día en mi habitación mirando series, comiendo snacks y escribiendo tonterías, me genera un enorme suspiro y sensación de tranquilidad, no quería que nadie me molestara, aunque espero que mis padres no pensaran que estaba pasando por un cuadro de depresión, no todos lo entienden, creo que la soledad está infravalorada.



Pero hay cierta soledad que también cansa, es como todo, los humanos somos así, hoy en día sigo pensando que todos somos bipolares ya que no he encontrado otra explicación.



El aburrimiento de cierta soledad interna me llevo hacia ti, no lo puedo negar. Esa cita de tinder en la plaza del sol, la conversación interminable, mi Moscú mule, sentí que nos gustamos desde el inicio y no buscábamos el amor o creo que es algo que nunca sabremos, los dos queríamos cosas diferentes e intentamos que fuera lo mismo. Puede sonar a una dualidad, quizá al principio lo era. Y así fue, así fue como desde el primer día sin darme cuenta me ibas arrebatar aquello que tanto disfrutaba, debí de haber visto las señales, debí de haberme dado cuenta.



Las primeras citas suelen ser incómodas, tienen cierta ambigüedad y al final, no es un matrimonio arreglado del siglo XV, tienes que ser tú mismo, pero no nos hagamos los tontos, todos actuamos, es como un performance de la mejor versión de ti mismo dispuestos a ganar el Oscar y quizá algo más. Nuestra cita debo decir que no fue incomoda, fue más como una puesta en escena de dos personas que querían compartir un cigarrillo y divagar de la vida, no fue necesario utilizar el arma infalible de esa llamada de tu amiga la que “te necesita urgentemente”, quería pasar la noche, esas noches que quieres que no terminen.



Al otro día, despertamos con la incómoda situación y si, lo voy a contar, se había roto el condón.



Debo confesar que nunca me había pasado, desde ese momento debí de darme cuenta, que personaje que eres. Después vinieron muchas otras citas, risas y mas risas, no voy a negar que hemos pasado por un cráter gigante, pero ¿Sabes una cosa? No me arrepiento.



No me arrepiento de haber tenido esa primera cita, de poco a poco irme dando cuenta que estabas a punto de ocupar un espacio muy especial dentro de mi cabeza y mi vida, de quitarme eso que tanto disfrutaba. De quitarme mi soledad.



Y he aprendido que la soledad siempre se puede disfrutar, puedo decir, y sin ningún reparo, que eres la persona que al principio solo te pensaba y ahora te siento. No lo cambiaria por nada, la soledad está sobrevalorada.