781. MIS HIJAS
DAVID CASADO. DOMINGUEZ | DAVIDE

CREATIVIDAD siempre se levanta antes que su hermana y antes de que suene el despertador, siempre es así. Es de sueño ligero y despertar amable y deseado. Deseado, porque se activa su consciencia y empieza a trabajar con ganas, con la misma ilusión de un novato que principia en su tarea y quiere gustar. Y lo inunda todo con ideas nuevas que parecen fabricarse durante el sueño, para salir luego a borbotones cada mañana con una finalidad específica. Porque CRETI, así la llamamos en casa, le da un toque personal a su cuarto, a su vestimenta, a su manera de peinarse, de proyectarse hacia los demás. Pero no es frívola; sólo quiere variar, mutar, interesar. Y eso sirve también para sus tareas en la escuela y para sus relaciones con los compañeros de clase y amigos. Es una persona muy divertida, fluida y seguida; rebosa frescura y lo salpica todo con nuevas ocurrencias.
PEREZA es su antítesis. PEREZA funciona con otro carburante. Le cuesta sobremanera arrancar su software y la carcasa que lo contiene. Salir de la cama se convierte cada mañana en un tedioso documental de la 2 filmado a cámara lenta, tal que oruga trasformándose en mariposa y abandonando su crisálida. Es desesperante para el espectador, para ese espectador que le prepara el desayuno y la lleva a la escuela. Cada tarea rutinaria se convierte en un inexplicable reto diario a superar. Es agotador. Pero se recrea tanto en su suerte diaria, que ha desarrollado una sobresaliente capacidad analítica y se ha convertido en una persona muy hábil para solucionar problemas.
Como padre debería decir que las quiero por igual, y es verdad, pero no es del todo así, al menos todo el tiempo. CRETI es encantadoramente ingeniosa y vivaz. Para hacer planes y vacacionar es perfecta, pero me satura con frecuencia, es extenuante y cruelmente intensa. Soy un hombre, soy simple, no tengo mundo interior que sondear o valorar, y cuando llego cansado del trabajo quiero calma y sosiego, dos palabras que no maridan bien con CRETI, pero sí con PEREZA, que me comprende perfectamente en esos momentos y a la que puedo confiarle cualquier duda o problema, aunque tarde semanas en darme una respuesta.
Y así pasan mis días y mi vida. Las dos me complementan y me compensan y sólo trato de quedarme a vivir en perfecto equilibrio, justo en la línea que las separa.