296. MISIÓN IMPOSIBLE
Ana Maria Abad Garcia | Manatí

Llaman a la puerta. Eloisa se acerca a abrir y, sin darle tiempo a protestar, aquella mujercita rechoncha y mofletuda, incongruentemente cubierta de tules azul celeste, se le cuela en la casa y, gesticulando como una posesa, corretea de acá para allá agitando una varita.
Eloisa la observa estupefacta mientras la mujercita convierte la calabaza para el puré de la cena en una carroza dorada, los cuatro hámsters de Luisito en sendos alazanes, y el montón de ropa de la plancha en una abigarrada colección de sedas y terciopelos.
Por fin se detiene, algo sofocada, y compone una exuberante sonrisa para anunciar:
– Y este mes, en promoción, te regalo los zapatos de cristal.
Otro movimiento de la varita y en la palma de su mano aparecen unas exquisitas zapatillas translúcidas con tacón de aguja y filigrana de oro.
Eloisa pone los brazos en jarras y entrecierra los ojos, suspicaz.
– ¿Así que… eres de Vodafone? ¿No? ¿Jazztel, entonces? ¿Movistar?
El Hada Madrina rechina los dientes: hoy es la cuarta que le sale por peteneras.
Estampa contra el suelo de loseta los delicados zapatitos, que se hacen añicos con un rumor de campanillas, y sale por la puerta como un ciclón.
“Mañana mismo pido la jubilación, y al Príncipe que lo case Rita”.