865. MORCILLOSA
Patricia Fortes Nieto | Historias con sabor a GASOIL

Hoy toca reconocimiento médico anual.
Como dicen los jubilados de la empresa cuando me suben en el autobús para ir al médico: Toca pasar la i.t.v.
Al finalizar la revisión, me informan de que soy apta, que estoy estupenda y que voy a vivir 120 años más. ¡Qué cachondo es este médico! Cachondo de risas, porque no vale para nada el pobre.

Primero la enfermera me realizó una analítica.

-¡¡Madre mía, que vena más preciosa tienes!! -dijo ella con los ojos muy abiertos.

-¿¿Perdón??

-¡¡Qué me encanta tu vena!!, hay pocas venas tan perfectas como la tuya… -dijo mirando fijamente mi brazo sin soltarme.

En ese momento casi salgo corriendo con la chuta puesta porque empezó a hacer ruiditos con la boca como si fuera un vampiro queriendo beber mi sangre: fhus… fhus… fhus…

¡Ay, la madrequemeparió!

-Qué vena más linda, mullidita, visible, tiernecita…(y otra vez el ruidito: fhus… fhus… fush…)

Por un momento pensé que me iba a atacar a la yugular porque me miraba con una cara de vicio que flipas.

-Mmmmmh…, qué morcillosa.

¿¡¡MORCILLOSA!!? ¿¡¡MORCILLOSA UNA VENA¡¡? El cuerpo pasa, ¿pero también tengo que tener las venas morcillosas? ¡Anda, no jodas!

Salí del habitáculo de la enfermera como pude porque aquella mujer no dejaba de salivar y mirarme con cara de vicio, y entré en el habitáculo del médico. Mientras elevaba mis largas y morcillosas piernas me dijo que tenía una circulación perfecta pese al trabajo que realizaba. Le di la razón con una frase que, cuando sale de tu boca, ya sabes que eres mayor y no hay vuelta atrás:

-Pues tiene usted toda la razón, para mi edad estoy estupenda, hay que ver como están otras chicas de mi edad.

Os confesaré que siempre he sido grande y anchita de huesos, como Garfield. Pero hay veces que la gente no tiene vergüenza y te dice que estás gorda sin haberles pedido opinión.

En una ocasión, el médico de la empresa (otro que tampoco vale ni para el agua de un cocido), me suelta delante de todos:

-Deja de comer que te estás poniendo redonda; come ensaladitas, fruta…

Yo no articulé palabra, pero mi mente protestó enfadada:

-¿¡Pero este tío de qué va!?
No le hagas caso, que tú por lo menos eres alta y tienes por donde se te expanda la carne. ¡Pero él parece un cuerpo botijo, coño! Dile algo…

Pero yo no le dije nada, ya bastante tiene con ser como es, el pobre.

En otra ocasión fui a la mutua porque se me dormían las manos al conducir. El diagnóstico del médico y su séquito allí dispuesto -sin hacerme pruebas- fue:

-Es que estás obesa y por eso se te duermen las extremidades.

Calzarle unas hostias sin avisar y partirlos en dos con una katana a lo «Kill Bill» sería lo suyo, pero esperé y acabé con una operación del túnel carpiano.
Así que ya sabéis, cuando me veáis, que sepáis que estoy morcillosa. En una tía suena mal pero es lo que hay: tengo las venas morcillosas y estoy para comerme, de arriba a abajo, de lado a lado y de canto.