614. MY TAILOR IS RICH
CECILIA DENGRA ÁLVAREZ | CECI DENGRA

¿Por qué nos da vergüenza hablar inglés? ¿Por qué sentimos la necesidad de pronunciarlo todo mal, pese a saber cómo se dice realmente? Y, sobre todo, ¿por qué nos reímos de aquellos que lo pronuncian bien? Yo lo sé. Porque somos españoles. Y, como buenos españoles, tenemos una incontestable tendencia a la estupidez social. En España, reírse de los demás es un deporte nacional y, como aparezca alguien para decirte que le acompañes a Footlocker, en vez de decir “futluquer”, te colocan el sello de flipado de por vida.

El problema es que en España tenemos una fonética y un acento muy especial, y nos jode, porque nos jode, esforzarnos en hablar de otra manera. Entre otras cosas, porque somos perfectamente conscientes de que puedes tener un acento inglés del mismísimo Kentucky que, si llegas a examinarte del Proficiency, es probable que te coloquen un listening de un señor que habla de sus vacaciones en Alaska con marcado acento pakistaní, con suerte, y from lost to the river. Igualito que aprender español en una academia de Tokio e irte luego a vivir a Cochabamba.

Y así me pasó que, viviendo en Estados Unidos, pregunté a mi familia americana dónde podría comprar DONUTS y, tras varios minutos intentando averiguar cuál era la palabra diabólica adecuada (donuts, donus, donas, cosa redonda con agujero) me dijeron: ooooooohhh you mean doughnut (dounat). Cecilia left the group chat.

Yo siempre me he considerado una intelectual, de las que hace tests de Buzzfeed a las 3 de la mañana para averiguar qué tipo de pizza soy en base a cuantos postres americanos conozco, y me suelo esforzar mucho con los idiomas. Pero, aunque los jóvenes tenemos muy interiorizado el spanglish, hay una serie de reglas no escritas sobre qué palabras se pueden decir bien y cuáles se DEBEN decir mal, por mucho que quieras -y sepas- hacerlo de otro modo. Por ejemplo, no se puede decir McDonald’s, tienes que decir MACDONALS, como Dios ha mandado. Si pides un White Label, tienes que decir bien la primera palabra, pero mal la segunda. Puedes decir tengo una call, pero jamás pronuncies bien manager. El wifi es el güifi y Harry Potter es con j, pero en ningún caso digas IPONE para Iphone , que quedas de cateto.

Eso sí, que luego no se presente ningún extranjero hablando español con acento, porque eso sí que resulta inadmisible. Quien no sepa pronunciar bien las erres, las ces, zetas y eses, no se merece nuestro respeto. Sin contar con las imposibles traducciones literales o las desternillantes confusiones que pueden dar lugar a peticiones tan sugerentes como “quiero un perra caliente” o “unos cojones para mi sofá”.

Pero lo del inglés no es nada comparado con un idioma verdaderamente complicado, que es el que hemos desarrollado los millennials, o si no, que alguien nacido antes de 1980 me traduzca esta frase: “es mazo canteo pero, en plan, no te ralles porque no te renta tanta movida”. Indescifrable.