382. NADIE ESTÁ A SALVO
RAFAEL SASTRE CARPENA | OSCAR WOOLF

Pomelo Montesco y Mandarina Capuleto (nombres ficticios, utilizados para no vulnerar la Ley Orgánica de Protección de Datos) han sido durante años la pareja ideal. Vivían y dormían juntos; se duchaban juntos; desayunaban, comían, merendaban y cenaban juntos; iban de paseo y excursión juntos; leían y escuchaban música juntos; asistían al cine y al teatro juntos; incluso conversaban y hacían el amor juntos.
Todo se truncó hace unas semanas, cuando Mandarina (gestora) pretendió entregar una documentación en el despacho de Pomelo (funcionario del grupo A). Este rechazó los papeles porque en uno de ellos faltaban, según normativa estatal, dos timbres de 25 céntimos. Y aunque Mandarina, al otro lado de la ventanilla, replicó que esa exigencia había sido revocada el 7 de enero de 1994 por resolución de la autoridad autonómica competente en la materia, Pomelo no transigió.
Desde entonces, Pomelo y Mandarina, aunque siguen viviendo y durmiendo juntos (respetando cierta distancia de seguridad), ya no se duchan juntos; no desayunan, comen, meriendan o cenan juntos; no van de paseo y excursión juntos; no leen ni escuchan música juntos; no asisten al cine y al teatro juntos; ni siquiera conversan ni hacen el amor juntos.
La pelota está encalada en el tejado del Defensor del Pueblo, que deberá dirimir cuál de los dos tiene razón. No sería aventurado pronosticar que después del fallo, aquella maravillosa relación se rompa en mil pedazos.
Y es que, amigos, nadie está a salvo del contenido de la disposición adicional quinta bis punto 3 apartado efe párrafo segundo del Reglamento Interno del Burócrata Ejemplar.