1320. NECESIDAD Y QUERER
Marta Ondina Cuello Ruiz | Laondina

El amor es uno de los motores de mí vida, y tengo que decir que no conozco ser o no ser tan escurridizo. Estaba soltera y empezaron a invadirme sentimientos de soledad y la necesidad de tener pareja. Mis amigos decían que eso no era un problema, que existían infinitud de aplicaciones, entre ellas Tinder. Nunca he sido una persona con mucha seguridad en sí misma, pero si valiente. Así pues, con muchos miedos y prejuicios, me aventuré.
Mis inicios no fueron muy buenos. Todas las conversaciones se quedaban en el limbo, pero un día me sorprendió alguien distinto. Aquel chico comenzó la conversación con la pregunta: “¿En nuestra primera cita a dónde me llevarías?” Me encantó él y sus comienzos. Evité responder que le llevaría al huerto y le dije que le llevaría a una biblioteca pública. No me contestó, me dio dislike y pasé unas semanas obsesionada con encontrarlo, aún no sé para qué. A raíz de esto, las reservas de seguridad en mí misma se redujeron bastante, no obstante, continué deslizando. Las siguientes experiencias tampoco fueron buenas. Como resultado: Estabilidad emocional al carajo. Me dio un bajón de esos que te sumergen en la oscuridad de la mente llena de preguntas vitales.
– ¡¿Por qué cojones nadie me dijo que iba a ver más penes en Tinder de los que he podido tocar en toda mi vida?! ¿Qué clase de cortejo es este? ¿Hemos evolucionado? ¿Volverán algún día las pesetas? ¿Cuándo tengo la próxima cita con el psicólogo? ¿Por qué mi lavadora hace tanto ruido? ¿Dónde encuentro mi pareja perfecta?
No encontré respuestas y de la rabia cerré Tinder. Ya no quería amor, ni ver más sorpresas de distintos tamaños, colores y formas. Llevaba meses yendo al psicólogo y aunque creo que a veces dibujaba monigotes mientras yo hablaba, siempre me decía que mi problema era la obsesión por chorradas, véase encontrar pareja. Según él, tenía que hacer cambios en mi vida y así lo hice. El presupuesto que tenía para el psicólogo me lo gasté en una lavadora silenciosa. Juraría que dentro de la anterior había una comparsa gaditana desorganizada.
Dejé de ir a terapia y empecé a ver videos de meditación en YouTube. Ya no me obsesiono tanto con las cosas, pero esta lavadora nueva hace mucho ruido. Empiezo a pensar que se traga los calcetines silenciosamente la muy descarada.
Un día haciendo mis ejercicios de introspección, me di cuenta que lo único que quiero, de verdad, son las putas instrucciones de la puta lavadora.
En ocasiones, guiarnos más por lo que realmente queremos y menos por lo que creemos necesitar nos ahorra disgustos, dinero y calcetines.