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Maria Rosa Vela Hernández | Rosemary

Lupe salió de casa. Había llovido, las calles estaban mojadas. Llevaba sus zapatos rojos de medio tacón.
Pensaba: «no voy a pisar un charco, no voy a pisar…». De repente, esa baldosa de la calle con su esquina hueca. Al colocar la punta del zapato encima, ¡chas! Se quedó petrificada al notar la humedad en sus piernas.
– Me cago en…
Era su quinta cita en seis meses. Las otras cuatro, un desastre.
Era una chica normal, pelo rizado, más bien rubia, grandes ojos negros, y como decía su madre delgada pero culona, por eso solía llevar más falda que pantalón.
Primera cita, Mario, lo conoció a través de una app para citas. No muy guapo. Trabajador. Con don de gentes. Empleado de un banco. A la semana ya habían quedado para tener sexo. ¿Que cómo fue? Demasiado sexo y pocos preliminares. Sus charlas se reducían a decidir dónde quedar para tener relaciones. Le dijo que mejor se daban un tiempo. ¡Error! Empezó el acoso. Decidió cambiar su número de teléfono. ¡Solo salieron un mes! Conoció a otra y adiós.
Santi, segunda cita, lo conoció en la barra de la cafetería donde trabaja. Era dentista. Le dijo que los hoyuelos que le salían al sonreír le habían enamorado. A Lupe se le cayeron las bragas al ver esa carita tan mona con su pelo negro rizado. Quedaron para ir al cine, beber y hacer el amor. No era muy alto y abajo tampoco había mucho que ver. Pero estaban bien. Al mes quedaron con sus amigas. Al principio fue divertido, era el centro de atención, pero a las tres horas, seguía contando hazañas «yo,yo,yo». Le propuso vivir juntos porque tenía que dejar su piso. ¡Los trabajados le duraban dos semanas! Le dijo que no y fin.
César, tercera cita. Amigo de amiga. Tenía un taller de motos. Vivía solo desde los 18. Todo iba bien, todo menos el sexo. ¡No había! Ausencia total. Al principio pensó: «tiene otras prioridades». Pero pasó el tiempo y siempre había alguna excusa. Una noche le preparó una cena en su casa con postre especial. ¡Horror! Se ofendió, dijo: «el sexo no es necesario». La tachó de vulgar y básica en sus “necesidades”. Cuando salió por la puerta, Lupe se sentó en el sofá con la botella de vino.
El último, Fran, de la web de citas. “Normalito”. Siempre con un libro en las manos. Muy irónico. Limpio y organizado. El sexo estaba muy bien. Se llevaba bien con sus amigas. Pensó que era el definitivo hasta que empezó a ver cosas raras y un día soltó la bomba: estaba saliendo con una de ellas. ¡Adiós!
Y ahí estaba, camino a su quinta cita. Empezaba a tener un poco de frío en los muslos.
– ¡Dios, que frío!
Llegó a la puerta de la cafetería. Echó un vistazo general. Había visto a su cita en fotos. Alguien entró detrás de ella, una joven delgada y pelirroja.
– ¿Lupe? Soy Sami
– Hola Sami ¿Nos sentamos?
Hay que probar cosas nuevas.
¡Suerte Lupe!