805. NI P*** GRACIA
Alba García Ortiz | Sobao con anchoas

Tengo que escribir un relato gracioso y no tengo gracia. Joder, es que no me sale natural. A mí primero se me tiene que ocurrir algo, luego me estoy un rato viendo cómo lo verbalizo, pienso en el momento idóneo para soltarlo y de repente, pum, va Marta y se tira un eructo. Y es que a la gente le hace gracia. Gracia de verdad. Y se ríen. Y “joder Marta, es que me parto contigo”. ¿Y yo cómo transcribo un eructo para mi relato?

Ojalá se me ocurrieran cosas graciosas.

Aunque igual el problema no lo tengo yo. Puede que sea cosa de la gente a mi alrededor. Yo me esfuerzo, mis gracias tienen un proceso mental bastante laborioso. Pero, ¿un eructo? Ahí no hay nada mental. Es un simple gas y, encima, casi siempre involuntario. ¿Qué va a ser lo siguiente? ¿Stand-up comedy de pedos?

No sé, igual debería rendirme. Puede que esto no sea lo mío. Aunque mi madre, cuando me ve así de bajón, siempre me dice: “Si te soltaras un poco más, serías igualita que Broncano”. Ya mamá, y si la abuela tuviera ruedas sería una bicicleta. ¿Ves? Eso sí que es gracioso. ¿A quién se le ocurriría? Seguro que a alguien que mantenía sus gases bajo control y entendía que, el sentido del humor, es uno más de nuestros sentidos. Porque yo estoy segura de que el sentido del humor es como la vista o el oído. Pero también estoy segura de que debería ir siempre de la mano del sentido del gusto. Estúpida biología que es capaz de hablar de la “liberación de gases a través de la boca desde el tracto digestivo” y ni una miserable mención a este científicamente apasionante sentido del humor.

Mira, paso.

Me gustaría terminar con un eructo, pero no sé cómo escribirlo.