1480. NO ME CUELGUES
MONTSERRAT JIMÉNEZ ESCOBAR | cinizade

Hoy he quedado con mi amiga para animarla: lleva varios meses sin trabajo.
—Y lo que tampoco llevo nada bien —me dice— son las llamadas a casa…
—Bueno, poco a poco te irás acostumbrando… Luego, ya ni te molestan…
—No, si es que no veas la ilusión que me hace cada vez que llama alguien a casa, acostumbrada todo el día a hablar con gente en el trabajo y de repente verte aquí sin hablar con nadie… Si hubo un día que cuando me quise dar cuenta estaba con la ducha agarrada hablando como si fuera un teléfono. Fíjate que cuando me echaron grité: ¡y ahora no pienso coger nunca más el teléfono! Pues nada, hija, ahí estaba yo en casa, al lado del teléfono, esperando que llamara alguien… No veas la ilusión que me hizo cuando lo cogí y era una mujer que vendía colchones. ¡Mira, casi me caigo al suelo de la emoción! Le pregunté de todo: tamaño, medidas, precio, colores… que tú sabes que a mí me influyen mucho en el estado de ánimo.…
— ¿No te habías comprado un colchón hace dos meses?
—Hija, ¡déjame hablar…! Pues nada, al cabo de un rato… ¡me colgó! Me dejó con otra pregunta en la boca… Luego me llamó una que vendía vinos… Me preguntó que si me gustaban y le dije: “¿Que si me gustan? Ahora mismo dejo el café y me pongo una copa, ¡no me cuelgues!”. “¿Prefiere blanco o tinto?”, dijo como invitándome… “Espera que me eche una copa de blanco y te digo”. “¿Con qué lo suele tomar?”, me dijo tan amable. “Con lo que tengo a mano, hija. Ahora mismito lo estoy tomando con un trocito de queso”.
Pues así estuvimos más de media hora, ella ofreciéndome no sé cuántas botellas, pero cuando le dije que esperara que lo iba a probar con chorizo, aprovechó y me colgó. ¡No veas qué desilusión!, yo que creía que estaba a gusto hablando conmigo… pero luego pensé que lo mismo ella no podía probar el vino, y no es lo mismo, claro…… No me entristecí mucho porque me eché otra copa de tinto… pero ya no podía contarle que iba mucho mejor con el chorizo. Al cabo de una hora, volvieron a llamar, ¡no veas qué salto di! Era para animarme a cambiar la bañera por un plato de ducha. Mira, una hora la tuve mientras iba y venía midiendo la bañera, preguntándole por el tipo de duchas, por el tiempo que tardaban en ponerlo… pero cuando yo creí que ella estaba tan contenta, ¡me colgó! Qué disgusto me llevé……
—Mujer, no te preocupes, siempre te quedarán los que van a casa para cambiarte de compañía del gas.
—Qué va, si empecé a preguntarles y me dijeron que fuera a por la factura para mirarla y en cuanto me di la vuelta salieron corriendo escaleras abajo……
—Bueno, pues siempre te quedará alguna compañía de móviles.…
—Pero si todas me cuelgan, y las intento llamar… ¡pero me han bloqueado!