496. NO ME GUSTAN LOS DOMINGOS QUE PARECEN LUNES
Aurora Moreno Abad | Yedra

Aquella patada al balón mal dirigida…
Una niña flaca, con remolino en la coronilla, con voz sonando a lata gritándome: “cara de peine!”. Y el mote se pego en mí como un tatuaje.
Ya por entonces, desarrolle un trastorno obsesivo-compulsivo que aun conservo, de lavarme la cara multitud de veces al día. Ahora a mis cuarenta años asumo el problema mansedumbre. La ciudad está poblada de escaparates, que intento esquivar para no reflejarme.
Las fotografías que me hago, no las revelo nunca y siempre saco al perro, cuando las luces de la ciudad están apagadas.
Acostumbro ir al barucho de la esquina, donde hay lámparas muertecinas, y aperitivos que me sirven de cenar siempre con mi sombrero de gánster malo, y mis gafas grandes y negras.
Las mujeres apoyadas indolentemente en la barra, ríen y beben, ajenas a mí, mientras me veo en los cubitos de hielo del vaso de whisky mi ¡cara de peine!
“No me gustan los domingos que parecen lunes”
El cine es mi refugio, mi castillo en sombras. Me siento al lado de una joven (o quizá no tanto). Lleva una camisa, blanca, amarilla o rosa, y un vaquero con unos jirones en las rodillas. Se apagan las luces, y puedo jugar al escondite. “Me quito el sombrero de gánster malo, y las gafas grandes y negras”.
Aspiro el olor de sus palomitas, que salen una a una de su bolsa, y mueren en su boca. Escucho el líquido de la Coca-Cola, bajando a trompicones por su garganta. Ella está ahí… al lado mismo de mis sueños.
Cuando termine la película, nos quedamos sentados, juntos y en silencio, sin mirarnos. La chica mira con tozudez la pantalla. Sonrío, para adentro, aquel niño del pelotazo, con “cara de peine” esta entre la línea de la marginación y el romanticismo.
Me vuelvo para mirarla, mandándola un beso sonoro al aire al remolino de su coronilla. Se inquieta en su asiento, rebuscando en su bolso calderilla de amor, que le sobra.
Me ha pisado los pies al cambiarse de butaca. La echo una mirada de fogueo, despidiéndome de los hijos no nacidos, que podría tener con ella. Toco instintivamente las líneas de heridas de mi “cara de peine”.
“No me gustan los domingos, que parecen lunes”. Digo en voz alta.

Aurora Abad.