664. ¡NO ME JODAS, MARGARITA!
LOLA SANABRIA GARCÍA | Petirroja

Cuando salía mi viejo de casa, perseguido por los insultos de mi vieja, entraba yo. Me dio un abrazo, soltó una lágrima, él, mi viejo. Y me dejó un par de gomas en la mano. ¡Toma, para que no pilles nada malo como yo!
El verano siguió sin él y con mi vieja poniéndolo verde con la señora Rosa. Yo guardaba las gomas en mi pantalón mientras avanzaba con Margarita, la más guapa de todas las veraneantes y también la más solitaria. Llegamos al morreo. Vamos que nos comimos la boca, pero de ahí no pasamos.
Pongo mil excusas para despreciar los filetes y torreznos que pone mi vieja. Que ya piqué algo con los colegas, le digo. Y a escondidas doy cucharadas del puré del nano. Porque hambre, tengo, pero mi boca es una llaga por dentro. ¿Dónde metería la lengua, la jodida Margarita?